lunes, 10 de marzo de 2014

El buen hábito de la proactividad

"Más vale usar pantuflas que alfombrar al mundo."

El primer hábito de los siete que proponía Stephen Covey en su famoso libro "Los siete hábitos de la gente altamente efectiva" es: "sea proactivo". Probablemente sea el hábito más difícil y donde más gente se atora, sin continuar hacia los otros seis. Ser proactivo significa tomar la responsabilidad de la propia vida, no limitarse a reaccionar ante los sucesos y esperar a que vengan las oportunidades, sino crearlas uno mismo. El primer paso para conseguir esa proactividad comienza fundamentalmente por dejar de culpar a las circunstancias y a los demás por lo que nos ocurre a nosotros: dejar de ser una víctima de los acontecimientos y empezar a ser el protagonista. Una vez logrado ese primer paso intelectual, debemos tomar conciencia de cuál es nuestro círculo de influencia y empezar a actuar dentro de él.


Los investigadores que estudian el discurso interior nos hablan de la gran importancia que tienen en nuestra actitud ante la vida las palabras que nos decimos a nosotros mismos. Así. no es lo mismo decir "se puso a llover y por eso me he mojado" que "no cogí un paraguas y por eso me he mojado". En la segunda frase se asume un verdadero papel protagonista que te da la capacidad de ser proactivo. Yo no puedo controlar la lluvia y si dependo de ella me mojaré siempre que llueva, pero sí puedo controlar mi propia capacidad de previsión, así que me mojaré o no dependiendo exclusivamente de mis actos, no de las circunstancias externas. 

Creo que a esto se quería referir Buda Gautama en su frase de las pantuflas. A veces, exagerar una idea hace que la veamos más fácilmente. Quien espera que el mundo entero a su alrededor esté alfombrado para así caminar descalzo sin miedo de mancharse o de hacerse daño siempre estará a disgusto con el mundo y siempre se estará haciendo daño. Eso sí, nunca (según él) será por su culpa, siempre será de los demás. Por lo que sabemos de él, a Buda le fue muy bien.


En España, por el gran tamaño y el interés histórico de lo público en ocupar el espacio de las decisiones privadas, tendemos a responsabilizar a los representantes públicos de muchos de nuestros problemas y a no responsabilizarnos, individual o colectivamente, de ellos. Es otra más de las consecuencias negativas de un estado hiperprotector y con sobrepeso en la vida social y económica.