jueves, 3 de octubre de 2013

No dejar el mundo en manos de los "expertos"

Ahora es muy habitual escuchar que las Administraciones Públicas deberían ser dirigidas por expertos en cada materia. Nos sentimos (lógicamente) seguros cuando es un experto en un tema el que ha de abordarlo y gestionarlo.

Uno de los diversos problemas que aquejan a las Administraciones Públicas es que la mayoría de las decisiones están, de facto, en manos de "expertos". Los responsables públicos delegan en los expertos la elaboración de las normas o no tienen incentivos para cambiar las normas que los expertos elaboraron. Cuando un experto ha de proponer el redactado de una normativa o un procedimiento de trabajo trata generalmente de aplicar sus conocimientos para que lo regulado resulte conforme con el óptimo, o al menos a los principales requerimientos que cualquier experto exigiría para el tema que va a ser objeto de regulación.

Como ejemplo de lo que representa esto (podría poner cientos que he visto a diario, pero tomo uno que no es mío), leí en su día a Malcolm Gladwell que, cuando se propuso la posibilidad de que se autorizara en Estados Unidos la instalación de desfibriladores externos (utilizados en casos de paradas cardiorrespiratorias) en lugares de pública concurrencia como centros comerciales, por ejemplo, la idea contó con una férrea oposición por parte del colectivo médico de expertos en la materia.

La cuestión para ellos era que con esos nuevos instrumentos con especificaciones extremadamente simples y en las condiciones en que había de utilizarse ese aparato (fundamentalmente el uso por personal sin formación), eran condiciones más que suficientes para desestimar su uso. Obviamente, las únicas condiciones óptimas para el uso de estos aparatos implicaría que una persona esperase para tener una parada cardíaca hasta encontrarse en un centro médico donde estén disponibles los instrumentos adecuados y el personal perfectamente formado para hacer frente con las mejores garantías a la situación (algo por ahora imposible, aunque como curiosidad, se trabaja en ello buscando marcadores que anticipen cuándo va a ocurrir este tipo de sucesos). Pero dado que, por el momento, esto no es posible, entre la opción de tener un ataque al corazón en un centro comercial y que, a pesar del uso no del todo correcto del desfibrilador, éste pueda salvarte la vida, finalmente y contra la opinión de los expertos, se impuso esta posibilidad (bueno, y ante la presión económica que suponía la posibilidad de comercializar este tipo de aparatos).

Como en el ejemplo, cuando se regula, el experto cuyo objetivo es que se establezcan las condiciones idóneas para el fin perseguido por el mismo, obvia mucha veces otras cuestiones importantes para el administrado, siendo la principal de ellas el contrapeso entre óptimo y posible, y el coste de ello.

España es un país en el que lo que no está regulado no existe. Se publican al año más de 800.000 páginas en Diarios Oficiales y 13.000 normas (sin tener en cuenta las Administraciones Locales), muchas de las cuales establecen reglas y cortapisas a la actividad económica empresarial. Muchas de ellas también, avaladas por los expertos de las Administraciones, establecen condiciones de difícil (cuando no imposible) cumplimiento en la realidad del día a día. Si a esto le unimos la responsabilidad legal que puede tener el técnico experto que supervisa la aplicación de lo regulado (el experto que supervisa, en base a ello exige la literalidad de lo regulado, "no se moja" porque no puede, ni tampoco el gestor político que teóricamente lo supervisa), se abre así una doble vía de posibilidades: o bien vivir de espaldas a lo regulado o en el filo de ello (con el riesgo que conlleva y que en el mejor de los casos conllevará sanciones económicas) o invertir ingentes recursos y perder oportunidades intentando lograr algo que en ocasiones no sólo es difícil sino imposible.

España está empeñada ahora en reducir trámites administrativos y en crear condiciones idóneas para el emprendimiento y para toda la actividad económica privada. Independientemente de acciones puntuales que puedan conseguirse (detectando claras duplicidades, reduciendo algunos trámites, etc.) las condiciones de fondo no han cambiado (los políticos no tienen incentivos para cambiar un sistema "controlado" por expertos públicos y que los sobrepasa) y eso me hace ser pesimista sobre las posibilidades de cambiar lo suficiente.

Siempre y cuando los "expertos" públicos no dejen de ser expertos estrictamente de su área de conocimiento sino que lo sean además en los requisitos para el correcto desenvolvimiento de la actividad económica, y siempre que no persigan conjugar adecuadamente los intereses públicos que regulan y supervisan con los intereses (también generales) de favorecer la actividad económica empresarial, estaremos dando varios pasos para detrás por cada uno que, con mucho esfuerzo, consigamos dar hacia adelante.

Abriendo un paréntesis, diremos que para intentar solventar este problema se crean en ocasiones comisiones de expertos las cuales, en lugar de aportar una nueva visión, por mi experiencia acaban como las de los remeros del chiste (en nuestro caso, el único remero es el sector privado). Otra solución que se utiliza es "escuchar" a los futuros afectados por la norma, lo cual normalmente es más un trámite administrativo que otra cosa, pues es muy difícil revertir las opiniones de expertos por planteamientos desde un "sector privado que 'solo' persigue 'intereses' económicos" (nótese que lo escribo con tonillo sarcástico).

Así pues, estoy muy de acuerdo en dejar el mundo en manos de expertos, siempre y cuando estos expertos sean expertos de verdad, no como hasta ahora: solo expertos de lo suyo y lo de los demás o no me importa o no es mi tema. Expertos (mirlos blancos) con visión de conjunto que sepan conjugar adecuadamente todos los intereses.

Todos los informes de competitividad sobre nuestro país nos dicen que una de las principales dificultades estructurales que tenemos es nuestro entorno muy poco proclive para los negocios. Esta de la hiperregulación y de la regulación imposible o no adaptada a la realidad es una de las cosas que "tendríamos que hacernos mirar" muy, pero que muy seriamente.

2 comentarios:

Leo Borj dijo...

Es más, el óptimo de las partes, no es el óptimo del conjunto. De la teoría general de sistemas.
Cada experto optimiza su virreinato y el imperio en su conjunto desgobernado ...

Félix dijo...

Lo has explicado en dos líneas y a mí me ha costado cien: capacidad de ingeniero