jueves, 12 de julio de 2012

"Los retos del empresario de hoy", artículo en La Tribuna

Para conmemorar el 30º aniversario de la constitución de la Confederación Regional de Empresarios de Castilla-La Mancha (CECAM CEOE-CEPYME), presentábamos hace escasas fechas en Toledo el libro “Grandes Empresarios de Castilla-La Mancha” (disponible en LID Editorial), promovido por la Confederación y que recoge la biografía de 55 empresarios, el primero y más antiguo de ellos nacido en 1.834.

La lectura de estas biografías concita muchas reflexiones pero, sin duda, una parte crucial del valor de la misma está en obtener enseñanzas que sean aplicables a los empresarios y a la situación actual. Solemos aprender con facilidad de nuestras experiencias, pero más difícilmente de las de los demás. Ésta es una buena oportunidad.

Todos los valores y actitudes que se perciben en los empresarios biografiados en este libro son aplicables al empresario de hoy: entusiasmo, esfuerzo, perseverancia, fe en sí mismo y en el proyecto, capacidad de adaptación al entorno, creatividad, tolerancia al riesgo, prudencia, capacidad de toma de decisiones, liderazgo y equipo, foco siempre en el cliente…

Cabe la duda de si las situaciones que estos empresarios vivieron son realmente comparables a las de hoy en día. Muchos de estos empresarios y empresas han sobrevivido literalmente al hambre y a la guerra: en ese sentido, la situación actual, con sus patentes dificultades, es solo un pequeño escollo comparado con las que ellos afrontaron. Sin embargo, el mercado actual es mucho más abierto y global que entonces y, como tal, mucho más competitivo, lo que hace más difícil triunfar y obliga a un esfuerzo adicional para gestionar la empresa con la máxima habilidad y eficacia. La carestía de financiación es otro factor diferencial que complica la situación actual, dificultando la inversión y el crecimiento.

Por economía de espacio, debo citar solo una de las muchas lecciones del pasado contenidas en este libro. Me llama la atención aquella de que, al poner en marcha un proyecto, la idea (en contra de lo que se suele predicar) siendo importante, no es lo más trascendente. Como dijera Napoleón, la victoria pertenece al perseverante, y es precisamente la constancia (o su falta) lo que hace que buenas ideas queden en el camino mientras que otras, quizás menos creativas, suponen grandes triunfos empresariales y personales. Lección ésta muy aplicable al “emprendedor” actual.

Y en cuanto al momento presente, a la luz de lo leído y del nuevo entorno, vienen a la mente algunas reflexiones:

  • La importancia de la formación directiva: existen dos prototipos empresariales que conviene superar; la del empresario sin recursos hecho a sí mismo y la de la persona que triunfa por el mero hecho de tener una idea brillante. Del segundo asunto ya hemos hablado, y del primero, téngase en cuenta que las habilidades y preparación que se requieren para ser empresario son cada vez mayores, que las áreas de la empresa son cada vez más amplias y más complejas, y sobre todo que la competencia se internacionaliza y es mayor y más exigente, lo que requiere, por tanto, mayor capacidad directiva para competir y triunfar.
  • Orientación internacional: las empresas deben encontrar los cauces para internacionalizar en lo posible su actividad. El nuevo emprendedor, por su parte, debe nacer ya, siempre que ello sea posible, con una vocación cien por cien internacional.
  • Liderazgo: si siempre ha sido una característica esencial para dirigir una empresa, la capacidad para gestionar y dirigir personas es un elemento diferencial imprescindible hoy en día, que puede marcar la diferencia entre una empresa promedio y una empresa de éxito. El “saber hacer” es la competencia clave de las empresas y ésta radica en las personas, siendo responsabilidad del empresario el saber elegir a las adecuadas y motivarlas en el proyecto.
  • Tecnología: el uso de las nuevas tecnologías debe ser una habilidad transversal en la empresa y debe estar por tanto en la mente del empresario. Si existen nuevos canales de comunicación con el cliente, estos deben ser conocidos y rentabilizados.

La toma de decisiones debe basarse siempre en una adecuada combinación de experiencia, análisis del nuevo entorno, prospectiva y creatividad. Del pasado aprendemos los valores que sustentan el éxito y cómo no repetir errores. Este libro nos enseña cómo otros empresarios de éxito superaron otras dificultades, parecidas pero nunca idénticas. Conviene, no obstante, echar en ocasiones la vista atrás, desempolvar principios olvidados, volver a la simplicidad de las ideas y obtener así un soplo de aire fresco para afrontar nuestras propias dificultades. Confiamos sinceramente en que este libro inspire a muchos a tomar sus mejores decisiones empresariales.


Éste artículo firmado por mí se publicó ayer en el periódico La Tribuna

1 comentario:

Auditorias dijo...

Se ve muy interesante el libro, realmente uno como empresario tiene muchos retos, generalmente la gente visionaria siempre lo supera, pero con mucho esfuerzo.