viernes, 20 de agosto de 2010

La vida antes que el honor: la desventurada historia de Donald Crowhurst

Volvemos a la carga con lo que se podría convertir en una tradición de Agosto en este blog: contar la historia de un antihéroe no demasiado conocido. En este caso, hablaré de Donald Crowhurst, marino fallecido en 1969.

El inglés Crowhurst se lanzó en 1968 a dar la vuelta al mundo navegando en solitario y sin escalas, en el marco de una carrera que convocó el periódico Sunday Times, inspirados por la reciente hazaña de un compatriota muy famoso por entonces, Francis Chinchester, quien acababa de hacer lo propio, sólo que en su caso con una parada en Australia.

Nueve marineros se embarcaron (nunca mejor dicho) en la aventura, todos ellos preparados y avezados navegantes menos, como no podría ser de otra forma, nuestro Mr. Crowhurst, navegante de fin de semana.

¿Por qué se aventuró a un proyecto que había de llevarle durante meses a las más extremas condiciones de soledad y de riesgo debido a las terribles condiciones de los mares del sur? Es difícil saberlo, y muchos dan sobre esto su opinión. Lo que sí es una narración general es que su cara durante las semanas previas a la salida era un poema. Precisamente por eso se piensa que se vio de alguna manera presionado por su agente (encantado de poder convertir a un modesto padre de familia y hombre de negocios en un prototipo de héroe, apoyado además en la nueva y potente tecnología "por ordenador" que impactaba mucho a finales de los sesenta) y presionado también por el patrocinador, que le obligaba a comprar el barco diseñado a tal efecto, un caro trimarán llamado "Teignmouth Electron", si no completaba el recorrido.

Al poco de la salida y con múltiples problemas en el funcionamiento del barco, Crowhurst se dio cuenta de que sólo tenía dos opciones: continuar hacia una muerte casi segura, o regresar por donde había venido, sin honra y arruinando a su familia de por vida. Por eso imaginó una tercera solución: hacer trampas, dirigirse al sur del Atlántico, fuera del alcance de radios inoportunas y esperar a que los restantes competidores completaran su recorrido. Su idea era llegar de los últimos, previendo que así su ruta, recogida en su cuaderno de bitácora (en la que realizará anotaciones inventadas a partir de ahora) no sería sometida a gran escrutinio.

Por hacerlo corto, cuando pasados unos meses estimó que llegaba el momento de retomar la travesía y contactó por radio, se vio sorprendido por el hecho de que podría ganar la prueba, razón por la que se analizarían con detalle sus asientos en la bitácora y saldría a la luz su "solución de compromiso". Crowhurst detuvo su travesía en medio del Atlántico y, como acreditan sus anotaciones, fue perdiendo progresivamente la razón hasta que presumiblemente se suicidó el 1 de Julio de 1969, después de una travesía de 243 días.

Qué presión psicológica debió soportar, en la soledad de su pequeño barco en medio del océano, que le llevó a esa degeneración y a esa final decisión. Precisamente en esta situación, que él documenta muy bien en los escritos y anotaciones que posteriormente se hallaron, se encuentra el principal interés del personaje. Curioso caso de cómo una persona se puede ver psicológicamente compelida, por la presión que soporta de los demás, a una cadena de decisiones cada vez más duras hasta llegar incluso a su propia muerte.

En fin, un antihéroe, quizás en este caso en contra de sus propios deseos, el cual sumamos a los ya citados en este blog Chris McCandless y Maurice Wilson, que intentaron también hazañas en solitario y que, fruto de su imprevisión y su voluntarismo, terminaron en igual resultado.

El caso de Crowhurst se ha documentado en varios libros y ha sido fuente de inspiración para novelas e incluso canciones. Recomendable el documental Deep Water (se puede ver completo aquí en Youtube, aunque sólo lo he encontrado en inglés).

Al hilo de esto y por cierto: muy, muy recomendable también, de la misma directora Louise Osmond, el documental La llamada del silencio (The beckoning silence) (ver completo, pero también en inglés) sobre la mítica escalada fallida del Eiger de Toni Kurz y sus tres compañeros.

- Otra historia de personas en este blog, también de Agosto: Noel Odell.

Por cierto, ni Crowhurst ni Kurz tienen página en Wikipedia en español, como le pasara en su momento a Odell. Por si alguien se anima.

5 comentarios:

Silvia MV. dijo...

¿Quien entiende la mente de los hombres de mar?

Están hechos de otra pasta...

Félix dijo...

Habría que conocer bien su historia y sus razones profundas. Quizás no las conocía ni él. Pero sí, somos gente de tierra adentro: qué sabemos nosotros. Por eso no me permitiría nunca juzgarle, aún a pesar del mal que seguro hizo a su esposa e hijos al privarles voluntariamente de un marido y un padre.

Félix dijo...

Con motivo de recoger juntos y aquí donde lo escribí, los comentarios que este post ha suscitado en Facebook, los traslado a continuación:

Facebook:

@Ángel Lo que nos viene a decir que Zapatero a tus zapatos.

@Félix ‎:) La verdad es que es una buena conclusión, sin duda la más prudente.

@Antonio Lo de "Zapatero" a tus zapatos parece que calza cierto retintín.

@Angel (otro) Excelente aporte Geliz

@Antonio La historia del perdedor, un averdadera lección.

@Ángel (el primero) Todos somos perdedores y/o ganadores. Depende del momento y de si las cosas nos salen bien o mal. La actitud es lo que nos define.

@Antonio La actitud es buena para emprender, para saber ganar y para encajar los golpes que vienen mal dados. Pero la actitud es algo interno. El problema es actuar en un sistema que, a veces, nos machaca por causas externas ajenas a nuestra actitud.

@Félix Antonio, precisamente lo interno es lo importante, ya que lo externo no lo controlas y lo interno sí. Excluyendo las enfermedades mentales, uno siempre es libre porque controla lo interno, independientemente de lo que pase fuera. Como dice Ángel, es lo que nos define; pero no ante los demás, sino ante nosotros mismos. Tú que eres muy lector, si te apetece el tema, mira "El hombre en busca de sentido" de Viktor Frankl. O el libro que acabo de leer y que te aconsejo, "La elegancia del erizo" de Muriel Barbery, que también toca este tema aunque mucho más tangencialmente. Aunque de todas formas, el libro es igualmente aconsejable.

Silvia MV. dijo...

Por curiosidad...

¿También cuelgas los comentarios del blog en tu FBK?
Perdona, soy curiosa por naturaleza.

Félix dijo...

No, Silvia. El artículo del blog se publica también en Facebook, pero no los comentarios. Los comentarios que ha suscitado en Facebook los he traído aquí pues fue aquí donde escribí el post, por agruparlos en un sitio.

Por cierto, que todavía hay algún otro que añado como continuación a los anteriores:

Facebook

@Antonio Gracias por las recomendaciones. La elegancia del erizo lo recomendé en Onda Cero cuando aún no se sabía nada de él. Lo he regalado muchas veces. Es un libro de múltiples lecturas y de una profundidad humana incompàrable, además de estar escrito primorosamente y utilizar una formas narrativas interesantes. Lo de Frankl lo tendré en cuenta.

@Ángel Esta misma tarde he ido a comprar la Elegancia del Erizo. No lo había leído. Gracias por la recomendación. A los dos.