lunes, 11 de enero de 2010

Tres preguntas que los ejecutivos deberían hacerse para el año nuevo

He traducido el post de Melissa Raffoni, consultora y profesora en MIT Sloan School of Management, en el blog de Harvard Business Review, porque me pareció un buen resumen de algunas de las principales virtudes y defectos de los ejecutivos, y además nos pone deberes para mejorar:

Es el final del año, tiempo para reflexionar. Entonces me pregunto ¿qué he aprendido este año sobre las empresas? Quizás, más interesante que eso, ¿qué es lo que he aprendido acerca de la gente de las empresas? ¿Qué hace que algunos sean grandes y otros débiles? Estas reflexiones no son ociosas. Puse a  todos los ejecutivos con los que trabajo en dos listas: los que yo pensaba que habían funcionado bien y los que ojalá y lo hubiera hecho mejor. Entonces pensé sobre qué es lo que tenían en común aquellos que habían tenido un mejor comportamiento. 
Deduje ocho características:

1. Establecen objetivos claros y medibles para sí mismos y su organización. Hablan de estos objetivos a menudo, y se adecuan a ellos.
 
2. Buscan la opinión de los demás sobre esos objetivos. Creo que la mayoría de las personas no se atreven a pedir ayuda. 
No es el caso de estos ejecutivos. Reconocen el valor de la búsqueda de mentores fuertes y de compañeros. Ellos no tienen miedo de pedir ayuda y orientación. 

3. Comunican reflexivamente. Entienden el poder de las palabras para motivar, dirigir y aportar claridad, o cuando se utilizan sin cuidado, para confundir, alienar y desviar.
 
4. Actúan reflexivamente. Claro está, son oportunistas, pero no son impetuosos. Los riesgos están calculados.

5. Después de ser reflexivos, son decisivos. En resumen, ejecutan y rara vez sufren la parálisis por el análisis.
 
6. Tienen integridad, y como resultado, las personas les siguen. Mantienen su palabra y les importa. 

7. Tienen autoconfianza. Esto es lo que les permite ser audaces y, al mismo tiempo, abiertos a las opiniones. Esto es de vital importancia.
 
8. Son inteligentes y estudian para serlo más, son auténticos estudiantes sobre gestión empresarial. Incluso los mejores siguen aprendiendo y nunca piensan que lo han aprendido todo. 

Luego miré a los rasgos comunes de los de mi lista "ojalá que lo hubieran hecho mejor”. Extraje cuatro:

1. No establecen objetivos teniendo en mente el apalancamiento. El artículo ¿estás inviertiendo tu tiempo de forma correcta? alienta a los ejecutivos establecer categorías en su trabajo y a reflexionar sobre la mejor manera de distribuir su tiempo para aumentar el apalancamiento. ¿Dónde está el apalancamiento? ¿en las ventas? ¿en delegar en tus empleados? ¿en trabajar sobre la estrategia? ¿qué medidas vas a adoptar para impulsar el apalancamiento? Se trata de una forma muy importante y diferente de pensar sobre el establecimiento de objetivos, ya que te obliga a pasar de pensar sobre lo que lo haces porque lo has hecho siempre, hacia lo que necesitas hacer realmente.
 
2. No obtienen suficiente de la gente que les rodea. Hay muchas razones por las que el personal está infrautilizado - la falta de mentores, deficiente contratación, rendición de cuentas -, pero en cualquier caso es un factor limitante enorme, el cual he visto en todos los niveles desde CEO hasta la línea de supervisores. Esta es la razón por la que los cursos de gestión insisten en la delegación y en aprender a dejar hacer. Lo que supone un reto mayor es que la reducción del tamaño ha empeorado la situación - en 2010, encontrar el equilibrio correcto entre hacerlo usted mismo y conseguir apoyo va a ser muy difícil -. 

3. No escuchan bien. Como resultado, pierden perspectiva necesaria sobre el negocio y sobre su propia eficacia. Esta información puede provenir de los clientes, empleados, socios, colegas o compañeros.
 
4. Carecen de la energía y audacia para intentar cosas nuevas. Un mentor me dijo recientemente, "las cosas no suceden sentado en su oficina, se necesita estar allí para encontrar oportunidades". Tenía razón. Las mejoras relevantes no suceden por hacer más de lo mismo. Hay una razón "quien no arriesga no gana" es un cliché. Es esencialmente cierto.


En este contexto, le desafío a hacerse las siguientes tres preguntas antes de establecer sus metas para 2010 (que por supuesto usted va a fijar ¿verdad?): 
  •  Si sólo hubiera una cosa que pudiera hacer para mejorar mi negocio ¿cuál sería y cómo haría para que ocurriera?
  • Si sólo hubiera una cosa en la que me pudiera enfocar para mejorar mi desempeño personal ¿cuál sería y cómo podría hacer para que sucediera?
  •  ¿Qué mensajes no estoy escuchando o rehusando confrontar en mi negocio y en mi desempeño personal y cómo voy a superarlo este año?

Sugiero una interacción real con estas preguntas. No piense en ellas sólo durante un minuto y luego las deje de lado. Escriba sus respuestas. Comprométase con lo que ha escrito y empiece el año bien. 

2 comentarios:

Leo Borj dijo...

Todo lo que dice el post parece "que lo clava". Pero voy a hace un poco de abogado del diablo, es así porque la "ortodoxia teórica" nos dice que así es, o realmente son consideraciones fruto de una experiencia/a real/es?

Lo digo porque algunos compañeros de profesión me cuentan que han sufrido jefes que no escuchan, delegan poco y mal, son unos gallinas y sus acciones las dicta el día a día, el regateo en corto, y luego, misteriosamente ascienden en la compañía, sobreviven a las crisis e incluso se apuntan medallas.

De estos también hay.

Ahora me gustaría cuantificar con base empírica cada uno de estos tipos extremos.

Félix dijo...

La verdad, Leo, es que la pregunta tiene su miga, porque una cosa es cómo las cosas deben ser y otra distinta es cómo son. A mí me decían que es importante primero saber lo que se debe hacer para después ver qué es lo que se puede hacer.

En mi opinión, el problema de estos ejecutivos son sus empresas, que reconocen y gratifican este tipo de comportamientos. Probablemente los que están por encima actúan igual de mal, por lo que buscan gente con las mismas capacidades.

No sé si existen análisis empíricos sobre este tipo de organizaciones, pero sí que son muy numerosas.