miércoles, 16 de diciembre de 2009

Historias de fracaso


Por desgracia, últimamente vengo escuchando y leyendo historias de fracaso de empresas. Según Cepyme, nuestra organización nacional de pequeñas y medianas empresas, son más de 300.000 las que han cerrado este año.

En los comentarios firmados (pero anónimos) que acompañaban a una reciente noticia sobre las dificultades económicas de cierto empresario, me llamó la atención el importante número de empresarios que decían haber cerrado su empresa y sentirse enormemente aliviados por quitarse el peso de bancos, empleados, proveedores, etc., etc.

Si hay algo duro de la crisis son las historias de fracaso. Las historias de fracasos son, para quienes las leen o escuchan, una simiente de inactividad, de conformismo, de auto justificación. Dan pie a los más prudentes para mantenerse en su postura de inacción, pero crean la duda o desincentivan a los más aventurados a adentrarse en nuevos proyectos.

Akerlof y Shiller, en su libro Animal Spirits (que estoy ahora leyendo y en el que, inspirados por Keynes, describen la imperfección del modelo teórico económico del comportamiento humano, la imperfección en la toma de decisiones y la influencia de la psicología en la macroeconomía), exponen la importancia que tiene la confianza en la economía y, en un capítulo muy sugerente, la relevancia que las historias (narrativa) tienen en general en el ser humano y en particular en la conformación de esa confianza.

Algo a destacar es cómo las historias (sean las que sean) se propagan con iguales parámetros que las epidemias (de hecho, su expansión podría estudiarse con modelos matemáticos parecidos) y calan fuertemente en los seres humanos, en cuyos cerebros se escribe mejor a base de historias que de hechos o realidades.

Cuando aún no hemos conseguido mínimamente afianzar la idea del éxito empresarial como objetivo personal y social, las historias de fracaso desmontan esta realidad, a la vez que retardan la reactivación porque crean un inevitable temor colectivo ante la actividad emprendedora. Pero lo más importante es que perduran en el tiempo y quedan en la memoria colectiva.

Repasando nuestras historias, los cuentos, personajes y novelas que llevamos en nuestro ADN desde siempre, me parece que España como país está necesitado de historias de éxito vinculadas al esfuerzo. Ganar dinero siempre ha ido unido en España a picaresca.

Entre personas con orientación al logro, la actividad empresarial es seguramente una de las más motivadoras y gratificantes, difícilmente superable por otras. Pongámoselo fácil a quienes lo intentan, no demos argumentos para que escriban más historias de fracaso que alimenten esa rémora que arrastramos como sociedad.

Si de algo sirve dejo esta frase: lo que fracasa es la empresa, no el empresario.