martes, 18 de agosto de 2009

La ética de la reciprocidad falla cuando hay que calcular la órbita de Mercurio

Hasta hace relativamente poco tiempo no caí en la cuenta de que la regla de oro de la ética, la reciprocidad, no era sino un error o al menos una forma demasiado simplificada de ver las cosas.

La regla de oro de la ética dice algo así como "no hagas a otros lo que no quisieras que te hicieran a ti" o, más en positivo, "haz a los demás lo que quisieras que otros hicieran contigo". Esta máxima, que me enseñó mi madre y también mis maestros, es tan antigua que se cita en el Mahabarata del hinduismo hace 2.500 años según los autores más conservadores, o hace 5.000 años según la tradición, y se ha recogido en casi todas las religiones como una forma de diferenciar el bien del mal.

Pues bien, ni siquiera Inmanuel Kant y su Imperativo Categórico Supremo me sacaron de mi infantil convicción de que podía ésta tratarse de una buena manera de regirse por la vida. Bueno, la de Kant seguramente es mejor, pero un poco más complicadillo eso de imaginarse uno a sí mismo permanentemente como un legislador universal :)

El error es tan sencillo como partir del presupuesto de que todos deseamos lo mismo. Es cierto que, enfermedades mentales aparte, en general todos aspiramos a un trato esencialmente igual en cuanto al trato físico, el respeto a uno mismo, la consideración sobre las ideas, etc, etc. Pero la regla empieza a fallar cuando se hila fino: qué tipo de cosas desea el otro, qué considera agradable o no, qué trato es mejor... En esos supuestos la reciprocidad no sirve.

Pues bien, en mi humilde opinión, la regla para estos casos debe ser la empatía; esto es, saber ponerse en el lugar del otro y comprender lo que realmente le ocurre y lo que prefiere. Esto es muy importante siempre en las relaciones humanas y, desde luego, en la empresa es importante desde todos los puntos de vista, incluida la motivación.

George Bernard Shaw lo dijo con bastante sentido del humor:

No hagas a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti. Tal vez tengan otros gustos.

Yo diría: trata a los demás como ellos quisieran ser tratados.

Lo que le ocurre a la regla de oro y a la empatía le ocurrió, salvando las distancias conceptuales, a la gravitación universal de Newton, que sirvió hasta que se empezaron a hacer cálculos más finos, que no tuvieron explicación sino con la relatividad general de Einstein: al Sr. Mercurio no le gustaba que le trataran como a todo el mundo. Hoy las ecuaciones de la gravedad de Newton, por su sencillez, se usan para ciertas estimaciones, y las de la relatividad para cálculos mucho más precisos.

Y éste es el post. Esto de estar de vacaciones y ser las tres de la mañana es lo que tiene.

5 comentarios:

Yoriento dijo...

Entonces podríamos decir que reciprocidad basada en la empatía puede ser la fórmula filosofal de las relaciones :-)

Félix dijo...

Filosófico aforismo, Yoriento.

kuikailer dijo...

Lleva esta pestaña del Firefox dos días esperando a ser leída y en su caso comentada:

Me interesó desde el punto de vista que no hay muchas lecturas que desarrollen ideas originales sobre lo que parece que se denomina "inteligencia emocional", desde la propia experiencia y no la experiencia de otros.

Me gustaría dar un paso adelante en esa "filosofía" en su aplicación: cómo saber si se es más o menos empático. es decir, como saber si lo que creo que es tu gusto, realmente lo es.

En esto puedo aportar que depende de un tercer factor comunicativo que siempre se menosprecia: el feedback. Pero no el feedback del amigo que sonríe cuando le regalas un CD que ya tiene (no tienes porqué saber que tiene el CD) sino a uno más directo, verbalizado "perdona pero no me gustó XX, no lo tomes a mal, simplemente...."

Culturalmente, en concreto en el ambiente laboral, permíteme que generalice, en el idioma español no se responde ante un posible comentario ofensivo/inadecuado desde el punto de vista del receptor objeto de la empatía.

Si que se hace en otros idiomas como el francés o el inglés (que corresponderían al estereotipo de quejicas (franceses/belgas) o exigentes (ingleses)

Desde sus valores sociales, es necesario hacer saber a la otra persona si se ha transgredido los límites. En "latino" preferimos "dame pan y llámame tonto" y guardar silencio, permitiendo que se cometan excesos sin una intención premeditada por parte del ofensor, generalmente 'jefe' o 'responsable de X área'; confundible con mobbing.

No quiero extenderme más, pero creo haber expuesto la idea. Me gustaría saber qué piensas al respecto, o en otras palabras, feedback, para quizás, desarrollar esta idea más adelante.

Tengo "de repente el último verano" (y dias de vacaciones) esperando. Un saludo.

Félix dijo...

Kuikalier:

Muy interesante tu comentario sobre cómo empatizar. No sé por dónde leí que la tesis doctoral de la filosofa Edith Stein hacía un buen análisis de la empatía. Lo estuve buscando en Internet pero no lo encontré. No soy psicólogo y no puedo darte muchas referencias sobre el particular, ni considero que exista una forma científica de conocer los sentimientos del otro. Es obvio que si la otra persona te informa con madurez y naturalidad de los mismos, sería fantástico para todos. Pero, como bien dices, eso casi nunca ocurre.

Lo que sí me parece cierto es que las personas informamos mucho más de lo que pensamos sobre nuestros estados de ánimo y nuestros pensamientos a través del lenguaje corporal, y generalmente eso no lo controlamos tan fácilmente.

Creo que para la empatía se necesitan unas capacidades, que seguramente son innatas pero que se podrán aprender o desarrollar mejor, para saber obtener la mejor información de ese lenguaje no verbal y para sacar conclusiones de los comportamientos, además de para saber desarrollar la confianza suficiente para que la otra persona dé ese feedback que tú sugieres.

Inma dijo...

Siempre pensé que la reciprocidad no era algo tan literal, sino que hablábamos de corresponder a otra persona para hacerle sentir de forma similar a como tú te habías sentido con su trato.

Para mí eso incluye cosas como devolver una invitación a cenar pidiendo a tu invitado que haga en tu cocina ese plato tan suculento y maravilloso que te encantó, para llevarle después al baloncesto, si eso es lo que le gusta y no lo hace con frecuencia. Nunca lo había bautizado como "empatía" pero va a ser eso...

Sobre el "feedback" y la no verbalización de determinados sentimientos en nuestra cultura, los latinos tenemos una expresividad gestual tan amplia que sólo con ser mínimamente observador puedes captar un gran abanico de mensajes. De hecho, sustituimos de forma consciente muchas frases por esas no verbales que vuelven locos a los de orígenes más norteños.

Es mi interpretación particular pero, siguiendo con el ejemplo culinario, ya sabes que no puedo repetir una receta sin añadir o quitar ingredientes :o)