martes, 26 de mayo de 2009

El low-cost como valor diferencial

La noticia que leí de que China promoverá el consumo de su población para mantener su nivel de crecimiento, (el comercio minorista en China creció un 15,9% en el primer trimestre) me lleva a pensar otra vez sobre la idea de la producción barata. 

Si no se produce innovación incremental de producto o una disruptiva que rompa el mercado, en muchos sectores, lo que un día fue un producto en crecimiento y altamente rentable, poco a poco se va convirtiendo en un "commodity" sin grandes diferencias y cuya casi exclusiva discriminación por el cliente acaba siendo el precio. Pensemos, por poner sólo un ejemplo, en el caso de las líneas aéreas o más recientemente en los automóviles, donde ya se producen coches que se comercializan por poco más de mil euros (aunque es cierto que, en otros casos, aún sigue imperando la marca: el coche sigue siendo aún aspiracional en bastantes supuestos). 

Las rentabilidades en esos ejemplos se van poco a poco reduciendo, a pesar de los esfuerzos crecientes en mejoras de costes, ya que no existen grandes posibilidades de diferenciación que justifiquen sobreprecios.

En esta guerra por la reducción de precios apareció hace años el fenómeno del "low cost": productos o servicios de toda la vida que, al ser liberados de cualquier "aditamento superfluo", se ven consecuentemente reducidos a la mínima expresión en cuanto a costes y a precio. Hay ejemplos de low-cost en casi todo tipo de productos o servicios.

Quizás sólo las materias primas (commodity donde las haya), parecen librarse de esta situación de precios a la baja por la mera cuestión de oferta (que se mantiene) y demanda (que crece a medida que crecen las economías, especialmente las emergentes).

Con el crecimiento y la apertura de los BRIC, el mercado de precios bajos se plantea enorme. Sin embargo, entre paréntesis diremos que el crecimiento del mercado mundial es también una buena noticia también para los productos diferenciados y especialmente para los productos con marca asimilada al lujo, ya que suelen darse grandes diferencias de poder adquisitivo entre los consumidores de dichos mercados.

En este permanente oteo de las tendencias en que nos debemos hayar siempre inmersos cabe preguntarse: ¿qué ocurrirá en mi sector? ¿es uno de estos en los que los precios son cada vez más el principal factor de competitividad? ¿qué acciones puedo afrontar?

En mi opinión, en relación con acciones podríamos pensar en dos: o entrar en la rueda y apalancarse en una mejora de procesos y de costes, o salirse por la tangente mediante una diferenciación, generalmente a través de una innovación de producto (que no olvidemos que, aunque rentable, también es una rueda sin fin) o una innovación del modelo de negocio (el más difícil todavía).

1 comentario:

Pilar Jericó dijo...

Totalmente de acuerdo, Félix. No podemos competir con los salarios de China, por lo que no cabe duda que el camino es la innovación. Sin embargo, entraríamos en un debate interminable por qué España haciendo gala de creatividad, no innova más. En mi opinión, es un tema de liderazgo. para la mejora continua, el ordeno y mando sirve, pero no para la innovación. Un abrazo