Suponga el lector que se encuentra con alguien que trabaja febrilmente en el bosque, cortando un árbol con una sierra.
-¿Qué está usted haciendo? -le pregunta.
-¿No lo ve? -responde él con impaciencia-. Estoy cortando este árbol.
-¡Se le ve exhausto! -exclama usted-. ¿Cuánto tiempo hace que trabaja?
-Más de cinco horas, y estoy molido. Esto no es sencillo.
-¿Por qué no hace una pausa durante unos minutos y afila la sierra? -pregunta usted-. Estoy seguro de que cortaría mucho más rápido.
-No tengo tiempo para afilar la sierra -dice el hombre enfáticamente-. Estoy demasiado ocupado aserrando.
Me llama la atención que en determinados niveles profesionales parece que da cierta vergüenza tomar vacaciones: - yo me voy sólo dos semanas, - pues yo me voy diez días, - pues yo vengo por la oficina cada dos o tres días a dar una vuelta... Cuando no: - yo hace veinte años que no me he ido de vacaciones, mi empresa me necesita.
Todos estamos muy atareados y si quisiéramos no nos iríamos de vacaciones nunca. Además, cuando volvamos nos estará esperando lo de ahora más lo que se vaya acumulando.
Pero hay que descansar, parar para afilar la sierra y que luego corte mejor. Así pues, ha llegado la hora dedicar un poco más de tiempo del habitual a mi familia, intentar practicar algún hobby, hacer alguna chapucilla, leer, leer mucho...
No obstante, y en la medida que ahora estaré más relajado, declaro este blog por segundo año abierto por vacaciones.
Y como hace un año, os dejo un spot de TV. Nos dijo Kevin Roberts, CEO de Saatchi & Saatchi, que la publicidad debe contar una historia.






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