martes, 29 de abril de 2008

Algunas implicaciones de la cadena de valor invertida

Me pareció sugerente para iniciar una conversación la idea de la cadena de valor invertida que apuntaba de forma muy rápida Enrique Dans el otro día en su blog.

La idea que plantea sería dar la vuelta a la cadena de valor de forma que se perciba más claramente que la misma no se construye a partir de lo que la empresa hace (versión pre-marketing), ni siquiera desde lo que la empresa sabe hacer (versión más actual), sino construir toda la dinámica de producción de la empresa directamente a partir de lo que el cliente necesita.

Nadie duda hoy de que las empresas están para satisfacer necesidades y no para fabricar tal o cual cosa. No obstante, como concepto, encuentro la propuesta de una cadena de valor invertida enormemente difícil para empresas ya constituidas. Esta idea sería factible sólo para empresas extremadamente flexibles (y seguramente ni aún así), generalmente ligadas al negocio por Internet; también sería buena reflexión para empresas que han quedado prácticamente fuera de mercado y que necesiten casi una refundación.

Quitando los supuestos en los que merece la pena la creación de una nueva línea de negocio, de externalizar o también de adquirir a aquella empresa que lo sabe hacer, entiendo que debe existir una relación y una capacidad de adecuación entre la necesidad detectada y la estructura de recursos y capacidades de la empresa, una ligazón entre lo que la empresa sabe hacer, aquello en lo que realmente es buena y aporta valor, y el producto o servicio demandado por el cliente.

Habida cuenta de la dificultad para modificar con agilidad las capacidades de la empresa, si no existe esta relación, siempre podrían aparecer (y de hecho, aparecerán) competidores con mayor ventaja competitiva por disponer de una mayor adecuación entre la estructura de su empresa y la fórmula para satisfacer esa nueva necesidad.

La idea de una cadena de valor invertida me parece sugerente como puesta en valor de la idea de que se debe estar permanentemente previendo las necesidades del consumidor, y creo que podría dar pie a comentar muchas cuestiones sobre cómo plantear la estrategia, en base a qué diseñar un plan de marketing, cómo adaptar la empresa a las nuevas realidades, cómo anticiparse, etc., pero, para la gran mayoría de las ocasiones, me parece maximalista y voluntarista en exceso decir que ello puede hacerse rediseñando enteramente la empresa y construyendo a la inversa su cadena de valor.

lunes, 28 de abril de 2008

Premio Best Blog Darts Thinker

Es de bien nacido ser agradecido y por tanto quiero agradecer a Ekaizen y a Intoku, dos blogueros de curioso nombre japonés y que se encuentran entre mis favoritos (pues intentan hacernos pensar con sus comentarios como bien indican los nombres de sus respectivos blogs), el hecho de que se hayan acordado de este blog a la hora de nominar el Premio Dardo. Me quedo con lo de thinker, pensador, porque eso procuro hacerlo lo máximo posible.

Aunque siempre injusto y difícil, mis nominaciones (y, especialmente, mis recomendaciones de lectura) son para: Los Sueños de la Razón, Comucor y Dirección habilidosa.

Mil gracias a Alfredus a quien posteriormente he leído que me añade entre sus recomendaciones por este mismo tema.

viernes, 25 de abril de 2008

Del discurso de la innovación a los resultados

Es cierto que comparar nuestros datos estadísticos con los de otros puede y debe servirnos como aliciente para mejorar. Todos sabemos que en Castilla-La Mancha no salimos nada atractivos en la foto de la innovación si nos comparamos con la media nacional. Sin dejar de pensar en todo el camino que nos queda por recorrer, no debemos obviar un hecho: a nivel mundial es muy reducida la gama de sectores empresariales que realmente están tirando de las andas de la innovación. En la medida en que dichos sectores no tienen todavía fuerte presencia en Castilla-La Mancha, no podemos pretender esperar espectaculares resultados en esta materia.

Tratando de buscar las oportunidades en las épocas de incertidumbre, en mi último artículo reflexionaba sobre cómo aprovechar los cambios externos del mercado. No obstante, una empresa con vocación de liderazgo puede no querer depender de los cambios externos y ser también motor de cambio en cualquier momento a través de la innovación. Así pues, la innovación es la principal herramienta de mejora competitiva en todo tiempo, en los buenos y en los malos momentos.

¿Pero es posible innovar en momentos de crisis? Decía hace poco Jeff Bezos, CEO de Amazon, la primera empresa mundial en comercio electrónico, que no existen malos momentos para innovar. Desde mi punto de vista, uno de los resultados de esta crisis en ciernes será un sano avance en el modelo económico hacia actividades de mayor valor añadido y un reforzamiento de las empresas más innovadoras.

En mi opinión, en España han existido, entre otros, dos obstáculos que son cruciales para la inversión en innovación: falta de competitividad de los sectores y alta rentabilidad de inversiones alternativas a la inversión en innovación. La existencia de la posibilidad de inversiones que, con menor riesgo, han generado estos años atrás importantes retornos, no ha fomentado el esfuerzo en innovación. TIR superiores al diez por ciento en actividades de escaso nivel de riesgo derivan necesariamente un gran flujo de capitales hacia ellas. En el momento en que se reducen las rentabilidades de esas inversiones se fomentará indirectamente el ingenio, la innovación y la voluntad de asumir mayores riesgos financieros.

Claro está que uno no se ha caído de un guindo. Si se constriñe el crédito bancario para la financiación de las actividades ordinarias de la empresa, cómo pretender que, cuando se eleva la prima de riesgo, se pueda obtener financiación externa para este tipo de proyectos. Ahí, entre otros lugares, debe notarse ahora la mano de la Administración si realmente queremos promover el cambio de paradigma económico que se preconiza insistentemente.

Además, no deberíamos partir de la premisa irrefutable de que la innovación es siempre cara. Puede ser costoso en términos económicos, culturales, formativos, etc., afrontar un proceso de fuerte innovación de producto a gran escala. En ese campo hay que ser selectivo. Pero junto a ella pueden afrontarse innovaciones que hagan nuestras operaciones más eficientes y reducir los costes que nos permitan ofrecer mejores precios o mayor valor a nuestros clientes. No hace falta pertenecer a uno de esos sectores de high-tech para hacer esto. De hecho, viendo la relación de las empresas más innovadoras del mundo, llama la atención que muchas de ellas no pertenecen a dichos sectores y que su principal instrumento de innovación son las mejoras de los procesos.

Este artículo lo firmo hoy en Negocio&Estilo de Vida.

martes, 22 de abril de 2008

Ponga un profesor de Harvard o de Stanford en su vida

Siguiendo con la serie de vídeos divulgativos "Así fue como me enteré yo que era esto de...", (ver anteriores sobre web 2.0 y wikis) incorporo el último vídeo de Common Craft, que conozco gracias a Miguel, y que trata sobre los podcasts.



Tengo que darle las gracias a Álvaro porque su paciente insistencia de más de un año con los podcasts ha terminado dando sus frutos en lo que a mí se refiere. Aunque aún me falta un poco de uso por el tema de los gadgets, sobre todo para el coche, lo cierto es que por ahora he encontrado muy útiles los podcasts de la Universidad de Stanford y los de Vaughan Systems, que me ayudan bastante con el inglés, los cuales recomiendo.

Estoy seguro que los podcasts van a ser una herramienta muy usada, un auténtico sustituto a las formas tradicionales de información y de entretenimiento, no ya sólo porque te permiten una asincronía entre la emisión y la recepción de la información, lo que te facilita escucharlos/verlos en el momento que mejor te interese (lo cual está representando ya un éxito a repositorios tipo Youtube), sino sobre todo porque puedes suscribirte vía RSS con todas las ventajas que ello supone.

lunes, 21 de abril de 2008

Blog de papel

Hace un mes un semanario local, Ecos de Toledo, publicó un información sobre la existencia de este blog. Desconocía la publicación de la noticia y bastantes personas me han comentado desde entonces sobre la misma, abordando muchas de ellas el tema con bastante curiosidad. No obstante, y a pesar de lo anterior, la publicación de esta noticia "analógica" no tuvo repercusión palpable en las estadísticas (estas sí "digitales") del blog, lo que me confirma en la idea que ya expresé de que las personas 1.0 no se convierten en 2.0 porque te conozcan o te aprecien. Dicho de otro modo, al menos en base a este experimento, el marketing analógico no parece tener gran repercusión en resultados digitales.

Quizás uno de los frutos de esa noticia es que recientemente un medio de comunicación regional, Global Castilla-La Mancha, me ha pedido permiso para publicar, con la literalidad como estaba escrito, uno de los últimos artículos publicados en el blog.

Me he dado cuenta de que el blog se me queda un poco pequeño para escribir. Los comentarios deben ser necesariamente cortos, pero se me quedan muchas cosas por decir cada vez que escribo, y aún así pecan de extensos, en mi opinión. Quizás algún día tendría que empezar a escribir un libro.

Mi amigo David suele decirme que hablo poco porque sólo abro la boca para sentar cátedra sobre un tema. Algo así me pasa también con el libro; no empiezo a escribir porque pienso que tendría que ser un gran libro, y no es un libro porque no empiezo. En fin, habría que pensarlo muy bien.

Y tampoco es nada desdeñable el factor tiempo. Si llevo a rastras escribir el blog, un libro sería mi perdición. En el caso de que no pueda (como no puedo) hacer más que una de las dos cosas ¿por cuál te inclinas tú?

Y como último y penoso recurso, siempre quedaría Blogbook

miércoles, 16 de abril de 2008

El valor de la razón

Allí donde habla el corazón es de mala educación que la razón lo contradiga.

Esta frase es de La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera, y me recuerda la enorme dificultad del neocortex de nuestro cerebro, el cerebro "racional", de imponerse sobre el sistema límbico, el cerebro "emocional".

Por mi trabajo, dedico una parte razonablemente importante de mi tiempo a hablar con responsables públicos; personas con capacidad de influir en la sociedad, bien sea a través de la proposición de normas y el control de su cumplimiento, como de la incentivación de determinados tipos de acciones. A esa capacidad de influencia, generalmente se une una voluntad de cambio, motivada por sus convicciones ideológicas y por el compromiso adquirido con la sociedad en el programa electoral.

Hace poco me hablaba uno de ellos de lo injustas que le parecían determinado tipo de situaciones y de cómo pretendía cambiar eso por la fuerza del Diario Oficial. A pesar de darle entonces y ahora plenamente la razón sobre lo injusto de los temas que tratábamos, me di cuenta de que cualquier argumento racional sobre la mejor forma de adoptar soluciones reales era interpretado por su parte como una obstaculización a sus intenciones. Como diría Kundera, en ese momento era de mala educación que mis argumentos racionales interfirieran en su deseo especialmente emocional.

Esto suele ocurrir en más ocasiones de lo que a uno quisiera, y lo peor es que tienen mal arreglo: dado que muchas ideas esgrimidas tienen una fuerte componente ideológica y podríamos calificarlas de emocionales, un argumento racional, no ya que lo matice, sino que solamente pretenda enfocarlo para adoptar decisiones realmente efectivas y no meramente efectistas, es interpretado como un obstáculo a la idea.

Creo que en el directivo público y también en el empresarial debe primar la eficacia. Una vez definido el objetivo a conseguir (que es plenamente lícito que sea movido por las emociones) en las fórmulas para su consecución debería primar la razón. El directivo debe conocer a la perfección el mecanismo y cada uno de los engranajes del entorno en el que pretende actuar, bien sea el mercado o la sociedad, y tener claro en qué punto se puede tocar, qué contrapesos utilizar y cuáles serán los efectos. Esto último, que parece lógico, en muchas ocasiones no ocurre y nos encontramos mucho voluntarismo, mucha comunicación (publicidad) y pocos resultados.

Y si esa unión de comunicación y escasos resultados fuera exclusivamente el resultado de la visión cortoplacista del político, podría entenderlo (el incentivo del político es el resultado electoral, y eso es cortoplacista; si los ciudadanos remuneramos a los políticos a corto plazo no podemos pretender que actúen a largo). Pero lo triste es cuando existe voluntad real de conseguir resultados y ellos no se obtienen por no querer conocer los engranajes, por pretender que la sociedad o el mercado sean como a uno le gustaría y no como realmente son.

Dicho lo anterior, y si sirve de modesto consejo, cuando existen multitud de actores, con posiciones divergentes y se necesita el concurso de todos ellos, generalmente se consiguen mayores resultados apelando a los intereses que a los sentimientos, ya que éstos últimos pueden no incidir igualmente sobre todos ellos.

Un ejemplo: en Noruega, el país del mundo donde más avanzadas están las políticas de igualdad, donde más mujeres trabajan y donde mejor se compatibiliza trabajo y familia, los argumentos que dieron lugar a conseguir estos resultados no fueron exclusivamente de justicia social (que por supuesto también lo fueron) sino fundamentalmente de desarrollo económico. El país no podía seguir creciendo si no hacía el esfuerzo necesario para incorporar en igualdad de condiciones a la mujer al mundo laboral. El Estado debía invertir y todos los actores debían poner después de su parte. Esa intención de progreso unió las voluntades de todos y al final el resultado se consiguió, que a fin de cuentas es lo que importa.

Por no hablar sólo de directivos públicos, en mi comentario anterior trataba sobre moralidad y los resultados empresariales. Allí comentaba que me parecía preferible una aproximación al concepto de RSE basada en la competitividad que única y exclusivamente en la moralidad, no porque no esté plenamente de acuerdo en la necesidad de un comportamiento moralmente aceptable de las empresas, sino porque dicha aproximación basada en resultados, conociendo cómo funcionan los engranajes empresariales, me parece sencillamente más eficaz.

En la medida que estudios científicos demuestran que una actuación responsable consigue mejores resultados a medio plazo y se conozcan y apliquen los resortes para que ello sea factible, se obtendrá un mejor comportamiento de las empresas en su entorno, conjugándose de esta forma los intereses de la sociedad y de las empresas y dando satisfacción a la demanda de una mayor responsabilidad social empresarial, que a la postre es lo que importa.

lunes, 14 de abril de 2008

Es buena la moral en los negocios

Escuché la otra noche en Radio Intereconomía que había dimitido el responsable de auditoría de una gran entidad financiera internacional. Sin embargo, luego no he leído nada sobre el particular. Esta dimisión me hizo volver a pensar en un tema que personalmente me parece muy sugerente: qué cosas pueden ocurrir cuando se une la aversión al cambio del ser humano y la "banalidad del mal", concepto sobre el que escribió la pensadora Hannah Arendt.

Muchos entienden por "banalidad del mal" el realizar actos amorales amparándose en la obediencia debida: "yo no soy responsable, soy sólo el ejecutor, hay otro que decidió que había que actuar de esta forma". Ya reflexioné sobre esta idea y algunas de sus repercusiones en el mundo de la empresa en otro comentario: Que trabajar no te impida pensar.

Por banalidad del mal entiendo el proceso que sucede a la incorporación de una persona como miembro de una sociedad o de una organización que realiza las cosas de una manera con la que no está conforme, o directamente actos con los que no está de acuerdo. Inicialmente puede no manifestarse conforme con ellas; seguramente incluso no los conozca en toda su integridad. Sin embargo en la medida que, con el paso del tiempo, va viendo que son llevadas a cabo de forma habitual por todo el mundo, los empieza a asumir como normales. Es un proceso muy largo en el que, lo que al principio rechazaba, poco a poco lo admite, y cada vez en mayor grado.

De esta forma, uniendo en una maraña la obediencia debida y la aclimatación a la cultura de la banalidad del mal, progresivamente el ser humano participa de la realización de actos que, fuera de este contexto, hubiera rechazado de plano.

En la historia encontramos miles de ejemplos de personas totalmente ordinarias, con una gran educación y que hicieron cosas que no debían, sólo explicables por esas cadenas psicológicas.

Reduzcamos ahora el nivel de la maldad y dejémoslo en la progresiva aceptación de algunas prácticas que no concuerdan con los principios morales de la persona. Entremos ahora en el mundo de la empresa (o de cualquier otra organización humana) y unámosle un nuevo factor, la aversión del ser humano al cambio, motivada por la rápida acomodación al entorno en el que nos encontramos conformes y por la gran cantidad de expectativas vitales que nos creamos en torno a la realidad que tenemos, que nos genera un miedo a perder estatus, nivel de vida, compromisos futuros, etc.

Si mezclamos en una coctelera ese miedo al cambio y esa aclimatación al entorno que llega hasta la aceptación de actos que no son conformes con nuestras ideas, imagino entonces hasta qué punto debió llegar la tensión entre todas estas fuerzas en el cerebro de ese ejecutivo que dimitió hace unos días.

Aunque la suma de estos condicionantes psicológicos haría algo más sencillo a algunas empresas disfrutar de una moralidad algo más laxa que la de la suma de las personas que las conforman, existe el debate creciente sobre la responsabilidad de la empresa, que va más allá del cumplimiento de la legalidad vigente en los países en los que actúa.

Y aunque no soy partidario de afrontar la cuestión de la RSE desde el punto de vista de la moralidad, sino desde la mejora competitiva que es consecuencia de mejorar la relación con aquellos con quienes interactúa la empresa, no está de más que también se tenga presente que el mercado (aunque muy poco todavía) también está empezando a medir este parámetro. No en vano el consumidor quiere interactuar con personas, no con organizaciones, y es lógico que pretenda que la escala de valores de ambos (del consumidor y de la empresa) sean coincidentes.

martes, 8 de abril de 2008

Innovación en organizaciones complejas: una aproximación musical

Fantástico este video que reflexiona sobre los problemas de las grandes compañías para ser innovadoras. Tendemos a pensar que las pymes lo tienen más difícil (ya relacioné hace poco, en una serie de cuatro comentarios, las principales dificultades para ellas: entorno, escasa competitividad, alto riesgo, escasez de financiación, calidad de los enlaces...)

Este video habla de las dificultades de las grandes empresas para promover o mantener el espíritu innovador. Me ha parecido "muy innovadora" la forma de exponerlo:



En principio, Design Thinking me parece una secuencia muy lógica de afrontar un proceso innovador. Me da la impresión que lo más nuevo sea la participación de diferentes actores pertenecientes a disciplinas diferentes. En este mundo de hiperespecialización, parece que es uno de los pocos sitios donde tenemos cabida los que somos generalistas.

Un descubrimiento del video ha sido "The no asshole rule" de Bob Sutton. ¿Una definición cuando menos llamativa, con mucho marketing y poco contenido? Ya veremos

Vía Carlos Domingo: un poco de todo.

martes, 1 de abril de 2008

Cómo resolver tus problemas en la oficina

Aprovechando que hoy es el Día Internacional de la Diversión en el Trabajo (no declarado oficialmente), lo que supone que tenemos obligación de hacer gracia y contar chistes, publico este diagrama de flujos sobre cómo resolver esos problemas (o mejor dicho, escaquearte de ellos) que pueden surgir en tu día a día del trabajo. Porque a la risa le han encontrado propiedades beneficiosas para el trabajo (léase risoterapia).

Tomémonos las cosas con humor, pues un estudio publicado en la prestigiosa revista Harvard Business Review dice que los directivos con más sentido del humor son los más creativos, los que toman mejores decisiones, los que más ascienden y los que más ganan (via Institución Futuro). El humor también es una buena herramienta de motivación y sobre todo para la publicidad. Y aunque todo lo anterior no fuera así, dado que cuesta lo mismo, mejor intentar divertirse que hacer lo contrario, digo yo.


Si no ha tenido ningún efecto, a lo mejor lo consigue Miguel en su blog, que también ha querido contribuir a la causa del buen humor.