viernes, 12 de diciembre de 2008

Un gobernante con un talonario

Qué buena cosa para los gobernantes que, en momentos de fuerte recesión como el presente, considerada insuficiente la política monetaria, los economistas aconsejen insistentemente una política fiscal expansiva (básicamente, gastar más; - aunque cabe también la opción de rebajar los impuestos, pero esa ni se plantea-).

Esta mañana he tenido ocasión de escuchar al Presidente del Gobierno en la Asamblea General de CEOE. Nos ha contado con bastante detalle la espectacular cantidad de miles de millones de euros que el Estado tiene previsto gastar para introducir liquidez en el sistema financiero y para tratar de hacer llegar esa liquidez a las empresas.

Sólo apuntar dos cosas:

- Reformas estructurales: las recetas que se están adoptando son muy costosas económicamente, son necesarias para poder salir de la crisis, pero también son exclusivamente coyunturales. Quiere decir que son imprescindibles e inaplazables para poder salir, pero no nos garantizan que podamos retomar la senda del crecimiento a medio plazo. Para ello, es preciso afrontar de una vez por todas las reformas estructurales que se necesitan y que tienen que ver con el mercado laboral y con la imprescindible mejora del sistema formativo, entre otras. Estas medidas tienen más costes en términos políticos que económicos.

- Coste de las medidas previstas: como decía, nada mejor para un responsable público que una llamada de atención para que empiece a gastar. Si ya lo hacen cuando se les aconseja lo contrario, cuando alguien les anima...

Esta mañana una persona me comentaba sobre el coste en términos de deuda de las medidas que se están adoptando. Va a ser muy grande en términos de PIB. Pero hay que tener en cuenta que a ellas se unirá el decrecimiento de los ingresos tributarios y el incremento del gasto anticíclico. Y además, nuevas y nuevas medidas que se vayan ideando. Me acordaba de un suceso de hace unos años:

El director de la sucursal de la Caja de Ahorros del pueblo convenció con mucho esfuerzo a un señor para que ingresara sus ahorros en la entidad, los cuales se habían conservado siempre bajo un ladrillo de su casa. Para pagar (entonces no se estilaban mucho las tarjetas) le entregó un talonario de cheques y le enseñó a utilizarlo. Con cierto temor al principio, nuestro protagonista empezó a hacer uso del mismo para realizar sus pagos. Pronto tomó gusto al sistema y, al poco tiempo, su cuenta estaba en números rojos.

Cuando el director le llamó para comentarle la situación de descubierto de su cuenta, éste al principio no le comprendía, hasta que finalmente el director le dijo:

- En resumen: que le debes dinero al banco.

Nuestro hombre le contestó:

- ¡Ah! ¿Era eso? Pues espera, que ahora mismo te firmo un talón.

Pues eso, que a ver hasta donde será capaz de estirarse la chequera del Estado.

2 comentarios:

Alvaro dijo...

Querido Félix:
¿Quisiste decir, "Un mono con una caja de bombas", y tu esmerada educación te lo impidió?

Félix dijo...

Álvaro, no seas malo