domingo, 26 de octubre de 2008

¿Liberalismo o Estado?

Estoy de acuerdo con Álvaro en que estamos viviendo, en lo económico, un momento histórico que, en alguna medida, cambiará la forma de actuar de las instituciones con poder económico en el futuro. Seguro que, con cierta perspectiva, podremos hacer un análisis más frio.

Pero en momentos como éste hay que mantener la cabeza fría y no dejarnos llevar por los vaivenes de las teorías económicas. Me explico. Greenspan ha reconocido, al fin, el error al no regular ciertos derivados. Sarkozy dice que estamos ante el final del capitalismo y que hay que "refundarlo". Y ya en el extremo, algunos representantes de lo público (no economistas) se acuerdan mucho de Keynes y reclaman una vuelta al Estado interventor y la política de gasto público como dinamizador económico, cuando la historia ha demostrado que ese modelo aplicado de forma rigurosa genera inflación unida a desempleo y recesión; es decir, estanflación.

Que en el sistema liberal hayan existido fallos, como los que reconoce Greenspan, de exceso de liberalización y falta de control, no quiere decir que el sistema no sea positivo en su fondo. Y si no, miremos dónde están los Estados que no lo tenían. Parece que ahora se quiere hacer leña del árbol caido, y se critica al monetarismo cuando ha sido precisamente la mala aplicación de la política monetaria la que ha contribuido especialmente a la situación actual. ¿Por qué ha mantenido el BCE los tipos artificialmente bajos durante estos años, en época de fuerte crecimiento económico y relativamente alta inflación? ¿No ha sido ese el motivo de la creación de, por ejemplo, una fuerte burbuja inmobiliaria?

En mi opinión, en el término medio ha estado siempre la virtud. Ni ultraliberalismo ni intervencionismo. La política monetaria bien aplicada es un instrumento imprescindible para evitar la inflacción y contribuir a minimizar los ciclos económicos; y una política fiscal restrictiva y un control del gasto público se ha mostrado positiva para favorecer el crecimiento, al igual que una expansión de la inversión pública junto con el propio gasto social anticíclico son una ayuda para recuperar la crisis.

En todo caso, no debemos perder la perspectiva de las reformas estructurales que sabemos que necesitamos para crecer en el futuro. Y precisamente es en momentos de crisis cuando esas reformas, si bien puede que no sea factible aplicarlas en su totalidad, es posible apuntarlas, pues la sociedad comprende y admite ahora más claramente su necesidad.

Unas cuestiones de lego en economía que creo que deberían aprenderse de esta situación:

- Me parece que las bases sobre las que se asientan los modelos económicos son demasiado simples. Sirven para explicar con cierta racionalidad la realidad, pero en situaciones de excesiva tensión parece que no dan previsiones muy ajustadas. El comportamiento de los colectivos humanos es más complejo que todo eso y difiere de unas situaciones a otras y de unos países a otros.

- Las autoridades económicas que centran su atención en el mercado del dinero debieran no perder el pulso a otros mercados, como ha sido el inmobiliario. Permitir recalentamientos artificiales de un mercado no controlado, como ha sido este caso, producen situaciones de crisis que podrían haber sido evitadas con un crecimiento más acorde.

- Una política monetaria común (BCE) tiene sentido cuando el mercado es común. Cuando cada mercado (en este caso me refiero a Estado) lleva su propia dinámica, la política monetaria que a unos beneficia a otros quizás les perjudique. No digo con esto que estar en el Euro no haya sido y esté siendo una ayuda impagable para la economía española, pero sí pienso que el Gobernador del Banco de España no hubiera dejado que la economía española creciera como lo ha hecho. En algo nos beneficiamos y en algo nos perjudicamos. El resumen de este punto no es que debiéramos volver a una política monetaria nacional, sino al revés, que realmente deberíamos tener un mercado único sin grandes diferencias por cuestiones fiscales, regulatorias, etc. Y no vamos precisamente por ese camino.

- Y por último, habría que reflexionar sobre la moralidad de las cosas. Un sistema económico que ha premiado la creatividad financiera y donde los altos ejecutivos sólo estaban para jugar a la mejora de la rentabilidad del trimestre anterior, aunque ello fuera poco menos que imposible, no es el mejor modelo para un crecimiento sano. Por fortuna, esto afecta sólo a unos pocos (la mayoría seguimos pensando que las empresas están para producir bienes y servicios valiosos por los que otros están dispuestos a pagar), pero el efecto arrastre de sus acciones sobre el resto se ha demostrado que es enorme. Si os interesa esto como a mí, os aconsejo esta reflexión sobre la verdadera necesidad de valores y una RSE auténtica en la gran empresa. Aquí sí le doy la razón a Sarkozy cuando dice que es la hora del capitalismo ético.

2 comentarios:

Kike dijo...

Estoy de acuerdo contigo. Pero en el tema de política monetaria tengo mis reticencias. Creo que hay que utilizarla como control de la inflación, y utilizar la fiscal para controlar el crecimiento económico. Las bajadas de tipos de interés en épocas de crisis no llevan a mejoras, sólo hay que ver a Japón en los 90.
¿Leíste el artículo de Krugman en El País de hace dos fines de semana?

Félix dijo...

Kike, no estoy muy seguro que lo de Japón fuera trasladable a otras economías por la gran propensión al ahorro que tienen, que es la mayor del mundo si no me equivoco. Lo que sí es cierto es que para crecer hace falta un poquitín de inflación y si eso no ocurre es muy difícil levantarlo. Pienso que es una combinación de las dos políticas la que hay que poner en marcha para ayudar a salir de la crisis.

Y sí leí el artículo de Krugman. Muy interesante. Parece que ahora es el momento dulce de los neo-keynesianos.