jueves, 30 de octubre de 2008

Innovación abierta y pequeñas empresas

A pesar de que en innumerables ocasiones hemos expuesto que la innovación no debe estar reservada a las grandes empresas, lo cierto y verdad es que para las empresas grandes la innovación, como la hemos conocido tradicionalmente, a la par que ha sido una necesidad imperiosa para poder ser líderes, ha sido especialmente más accesible por simple economía de escala.

Pero los mercados cambian y todo se desarrolla a una gran velocidad. Y así, con el transcurso del tiempo, el modelo de innovación cerrada donde la empresa protegía la innovación desarrollada por sí misma como uno de sus principales activos, se está viendo superado por los acontecimientos. Fundamentalmente, dos son las razones que están haciendo quebrar el modelo tradicional de innovación: la reducción de los beneficios, ocasionada por el acortamiento de la vida media de los productos nuevos que se lanzan al mercado, y el incremento de los costes. Ello, unido a otras variables, produce que la innovación con el modelo tradicional “cerrado”, basado en el desarrollo propio y el control de la propiedad intelectual, empiece a resultar cada vez menos competitiva.

Desde hace tiempo se habla de un nuevo modelo “abierto” en el que se maximizarían los ingresos por la vía de recursos adicionales a través de licenciar el conocimiento generado y que no es estratégico, el incremento del tamaño o la cuota de mercado, el más rápido alcance la masa crítica necesaria, etc. Y a la vez, se reducirían los costes por la vía de ahorros de tiempo en el desarrollo de la innovación o la conversión en variables de una parte importante de unos costes que antes eran fijos.

Para lograr esto, el modelo “open innovation” que apuntaba originariamente Eric von Hippel referido a los usuarios y que ha ampliado recientemente Henry Chesbrough, autor del término, se traduce en que tanto los agentes internos de la empresa como los agentes externos (e incluyamos aquí a todo el que pueda aportar algo de valor en la cadena de la innovación) participan en el sistema. La innovación abierta pone el acento en un modelo de negocio diferenciado, en apoyarse en unas capacidades estratégicas de mayor valor que la competencia, en una eficiente gestión del conocimiento y en favorecer la participación de otros agentes. Participación que ha de servir para reducir los costes, acelerar la innovación, hacer co-partícipes a muchos del proyecto y a incrementar sustancialmente la creatividad.

La innovación abierta es una buena noticia para las Pymes y para los profesionales valiosos. Entre todas las aproximaciones posibles a esta idea, si nos ceñimos en exclusiva a la de los costes, me recuerda en parte esta cuestión a cuando, hace ya bastantes años, las grandes empresas nos hablaban del “outsourcing”; o sea, lo que todos conocemos hoy como subcontratación. La apertura de las empresas a la prestación de servicios que no formaban parte del “core” del negocio por parte de otras, ofreció oportunidades a empresas pequeñas que se diferenciaban, fundamentalmente, por la competitividad en costes.

Del mismo modo, la apertura de la innovación a las aportaciones de otros (consultores, ingenierías, diseñadores, desarrolladores, proveedores de innovación vía licencias, etc., etc.), ofrecerá ahora una nueva gama de oportunidades a quienes, en este caso, se distingan por el valor que aportan. La variable a tener hoy en cuenta y que no existía hace años son las nuevas tecnologías de la comunicación, que hacen fácilmente visible y accesible el valor allí donde se encuentre, aunque sea desde las antípodas.


"Desde las antípodas" es el título de la tribuna que escribo mensualmente en Negocio & Estilo de Vida. Este artículo se ha publicado hoy.