jueves, 16 de octubre de 2008

La labor del lobbista

Recientemente asistí a una cena-coloquio organizado por Women in Business del IE (su blog). El ponente fue Juan Verde, miembro del Comité Electoral de la campaña de Barack Obama, especializado en el voto hispano, y presidente de The Climate Project Spain.

Asistí interesado por la cuestión del funcionamiento de los lobbies en Estados Unidos, instituciones que allí cuentan con mayor tradición, entendiendo que lo que allí suceda tendrá, con sus matices, una futura traslación al funcionamiento de éstos en Europa y España.

Una parte importante de mi trabajo, además de la dirección de una entidad de servicios a empresas y organizaciones empresariales, se enfoca sobre la actuación como lobby de los intereses generales del colectivo empresarial en su conjunto. Debo decir además que esta faceta me resulta particularmente atractiva.

En España los lobbies son percibidos socialmente de forma negativa. Se asimilan usualmente a poder en la sombra que lleva aparejado el empleo de prácticas de cualquier tipo para conseguir sus objetivos de influencia sobre quienes ostentan el poder legislativo o ejecutivo en las Administraciones.

Sin embargo, sin perjuicio de que la excepción es lo que destaca, nada está más alejado de la realidad. En todo el mundo, las asociaciones empresariales somos, junto a los sindicatos, los lobbies más importantes. Existen además otros destacados como asociaciones civiles de colectivos concretos (consumidores, etnias, discapacitados, etc, etc.), asociaciones y fundaciones de promoción de determinados tipos de comportamientos o de defensa de determinados valores (ecologistas, defensa de la familia, religiosos...), think tanks, y un largo etcétera.

La función de lobby se ejerce generalmente a través de asociaciones, pero también la llevan a cabo agentes particulares para sus propios intereses, normalmente empresas de gran tamaño, a través de sus propios mecanismos de relaciones. Existen relativamente pocas empresas que se dedican a prestar servicios de lobby para otros, y las que lo hacen no lo suelen manifestar de esa forma, precisamente por la connotación negativa que socialmente tiene.

En general creo que el mundo de los lobbies es muy desconocido y por ello poco valorado. En aquella cena, por ejemplo, una interviniente llegó a comentar que los lobbies en España estaban prohibidos, cosa totalmente errónea.

Tres son las cuestiones que, en una primera aproximación, deben tenerse en cuenta en relación a este aspecto:

- Comportamiento: me parece no sólo legítimo, sino saludable, que las empresas o la sociedad civil intenten hacer patentes sus intereses ante quienes ostentan el poder político. Lógicamente, ello debe hacerse utilizando únicamente la fuerza de los argumentos.

- Transparencia: es bueno que se conozcan los agentes y las actuaciones que se desarrollan. La transparencia es una buena medicina preventiva.

- Intereses particulares versus intereses generales: lógicamente, la función del responsable público es velar por los intereses generales de los ciudadanos. Conocer y valorar las posiciones de todas las partes interesadas, no sólo es una cuestión de pura lógica antes de adoptar cualquier decisión, sino que es también una obligación legal.

No obstante los cambios que en esta materia se han producido en EE.UU. y que se están queriendo llevar a cabo también en Bruselas en los lobbies que actúan ante las instituciones comunitarias, no parece que las acciones para mejorar la transparencia o regular el comportamiento de los lobbies hayan redundado en una mejor percepción social.

Profesionalmente, para lobbista no se estudia en ningún sitio y tampoco existen metodologías demasiado desarrolladas para llevar a cabo esta tarea. En general creo que se necesitan profundos conocimientos del funcionamiento de la Administración Pública y de los partidos políticos, conocimientos técnicos serios de las materias a abordar, de estrategia de marketing y de comunicación, habilidades de comunicación interpersonales, de negociación y especialmente empatía.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

SOY PERUANO Y AL IGUAL QUE EN ESPAÑA AQUI SUELEN VER MUY MAL A LOS LOBISTAS INCLUSO HOY POR LA MAÑANA EN UNA DE LAS RADIOS MAS IMPORTANTES DE MI PAIS DEDICARON MEDIA HORA A COMENTARIOS NEGATIVOS SOBRE ESTA ACTIVIDAD. SIN EMBARGO PIENSO QUE AL IGUAL QUE CUALQUIER OTRA ACTIVIDAD, OFICIO O PROFESION EL LOBISTA MAL INTENCIONADO NO DARA BUENOS RESULTADOS, PIENSO QUE SE DEBEN MANEJAR CODIGOS INTERNOS DE ETICA QUE HAN PERMITIDO LA SOBREVIVENCIA DE ELLOS.
SALUDOS

LESLIE CAROL dijo...

Yo pienso que el ser lobbista no es malo, por el contrario, trae desarrollo, pues nadie recomienda a un tercero que haga mal las cosas y exponer su prestigio por hacerlo, creo que esta creencia esta mas relacionada al comisionista que busca la influencia en una decision pero orientada a una compra estatal, lamentablemente en el Peru existe la Ley de Contrataciones que regula todo lo concerniente en tema de abastecimiento, y es en este sector en el que se inician los problemas en relacion a los lobbies.