domingo, 24 de agosto de 2008

Dos imprudencias históricas

La película "Hacia rutas salvajes", dirigida por Sean Penn, narra la historia real de Christopher McCandless, un joven norteamericano que al terminar sus estudios universitarios se lanzó a la aventura: sin despedirse ni comunicar nunca con su familia, recorrió medio Estados Unidos sin dinero, generalmente haciendo auto-stop.

Cumplió su sueño de dirigirse a la zona más agreste y solitaria posible, en Alaska, y adentrarse para vivir en solitario sin prácticamente recursos, donde terminaría muriendo de inanición. Si viviera, en la actualidad McCandless tendría mi edad.

La historia tiene para mí dos vertientes: la primera es la del viaje iniciático, experimentar una forma de vida y una búsqueda de una sabiduría, algo que el protagonista parece no encontrar pues, aunque no parece tener problemas para las relaciones humanas, considera que éstas entorpecen el camino del ser humano hacia la felicidad. Por esta vertiente de vida solitaria y sin rumbo ha sido un personaje conocido y hasta mitificado.

La segunda forma de ver la historia es la de la absoluta imprudencia y la de la creencia de que sólo con pretenderlo se consiguen los fines que uno se propone. McCandless se adentró en una zona desértica y helada de Alaska sin ninguna preparación, sin medios y ni siquiera un mapa de la zona. Cuando quiso salir de su aislamiento, sencillamente no pudo hacerlo porque un río le cortaba el paso de vuelta. Murió por no saber que había un puente a escasas millas.

Su historia me recordó a la no menos curiosa de Maurice Wilson, un británico que en 1934, 19 años antes de que Tensing y Hillary ascendieran el Everest, decidió escalar la mayor montaña del mundo en solitario. Para ello hubo de aprender a pilotar aviones, compró una avioneta y, a pesar de los consejos de su instructor, voló en solitario hasta la India (lo que ya de por sí representaba una tremenda proeza), se introdujo de incógnito en el Nepal y, sin ninguna preparación, formación ni equipo, se lanzó a escalar la montaña, falleciendo de frio en el intento. Su cuerpo fue encontrado dentro de su tienda de campaña a 7.450 metros de altitud.

Maurice Wilson actuaba convencido de que podía probar al mundo que todo podía conseguirse practicando el ayuno y la oración. Chris McCandless actuaba influenciado por la literatura de Henry David Thoreau y convencido de la necesidad de probarse a uno mismo en situaciones de extrema dureza.

Se me acaban las vacaciones y, a pesar de haber declarado abierto el blog, poco he escrito. Por las vacaciones, son los temas ahora un tanto "off topic".

Me gustaría ser alpinista aunque nunca lo he sido; me gustaría subir el Everest, pero no tanto como para el esfuerzo que supone la preparación, y desde luego no lo subiría sin prepararme. Me gustan las rutas salvajes, pero también disfruto mi trabajo. También me gusta disfrutar de mi familia y mis amigos. Me gusta leer, la informática, la astronomía. Me gusta volar a vela...

- Como viaje iniciático, me parece formidable el libro Siddhartha, de Herman Hesse, con una razonable aproximación a la filosofía oriental.

- Otra historía más constructiva sobre el Everest en este blog: la historia de Noel Odell.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Yo había escuchado, navegar a vela, pero lo de volar a vela es más atrayente.

Anónimo dijo...

Yo había escuchado, navegar a vela, pero lo de volar a vela es más atrayente.

Manuel García dijo...

He pasado este fin de semana en Ourense, al lado del rio Sil (afluente del Miño) es un buen sitio para desconectar y pasear, no hace falta irse hasta Alaska. Y de paso se podría bajar hasta Ourense y descansar en las termas.
Feliz regreso.

Félix dijo...

Hay sitios preciosos para descansar y relajarse. Estuve el otro día en el pinar de Valsaín (Segovia) y, si te alejas 20 metros de donde están los turistas, el paseo por el pinar es auténticamente de película, parece de cuento.

Kike dijo...

has léido/visto Bajo el Cielo protector (the sheltering sky) ? Es también un viaje bastante interesante...

Félix dijo...

La verdad es que no conozco la obra de Bowles. Me he interesado y tiene buena pinta el libro; la película también, que recibió el beneplácito del autor. Seguramente me decidiré por el libro, que anoto a la lista de pendientes.