viernes, 30 de mayo de 2008

Produciendo emprendedores

Está de moda hablar de emprendedores y de emprendedurismo, palabra ésta última que por cierto no existe en la lengua española y que es una traslación libre de la inglesa entrepreneurship, referida a la práctica de poner en marcha nuevos negocios en respuesta a necesidades identificadas, tal y como lo definen en Wikipedia. Será, seguramente, que a pesar de los esfuerzos, todavía no hemos conseguido poner suficientemente en valor la palabra empresario.

Pues bien, para emprendedores o empresarios noveles, la pasada semana se celebraba en Albacete el Día del Emprendedor, actividad ésta muy bien traída que intentaba acercar a los jóvenes los dispersos recursos que existen para ayudar, en alguna medida, a la puesta en marcha de un nuevo proyecto, y para animarles a ellos y a la comunidad educativa a este respecto. La principal novedad fue la presentación, que se había anticipado en Toledo dos días antes, de la Factoría de Emprendedores, un proyecto también muy interesante promovido desde la Administración para concentrar en un solo lugar virtual la información y recursos disponibles, así como los esfuerzos de diversos actores que trabajamos de una u otra forma en esta materia.

Hice hace ya unos años mis pinitos en aquello de montar mi propia empresa y viví en carnes propias la desoladora situación de desinformación y problemas variopintos que una persona encuentra para poner en marcha un proyecto empresarial. Trámites administrativos tediosos, falta total de asesoramiento, escasez de financiación… fueron los principales problemas de entonces. Hace escasamente un año, con motivo de otra iniciativa parecida, y a pesar de los casi quince años de diferencia transcurridos, comprendí que, salvo por aquellas cuestiones que puedo sortear por la experiencia o la formación posterior, un joven de hoy tendría parecidos problemas a los que me encontré entonces.

Sin restar ninguna importancia a todos y cada uno de los factores que desmotivan o dificultan la creación de una nueva empresa por una persona joven, me gustaría destacar como prioritaria la absoluta necesidad de una formación adecuada para la actividad empresarial. Durante mucho tiempo, acostumbrados a los empresarios hechos a sí mismos, hemos concluido que una persona con conocimientos técnicos de un área o de la metodología y operativa de una actividad, podía ejercer eficientemente una actividad empresarial. Y efectivamente, ello viene siendo así durante mucho tiempo y tenemos destacados ejemplos de este tipo de perfiles, muy dignos de elogio por otra parte.

Pero en el mundo empresarial altamente competitivo al que cada vez más nos estamos acostumbrando, una persona no puede empezar una iniciativa empresarial que persiga cierta proyección dando palos de ciego, movido sólo por la ilusión de una idea, sin unos conocimientos en cierta profundidad de estrategia empresarial, de marketing, de finanzas o de gestión de personas.

Por fortuna, España cuenta con algunas de las mejores escuelas de negocio del mundo. Es ésta una ventaja competitiva para nosotros. Algunos de los destacados empresarios de Castilla-La Mancha que han recibido actualización de su formación lo han hecho en estas prestigiosas escuelas. Para lograr una generación puntera de nuevos empresarios sería muy aconsejable alcanzar acuerdos con estas instituciones y con otras escuelas internacionales europeas y norteamericanas, con becas públicas, para convertirnos así en una verdadera factoría de nuevos empresarios.

Este artículo lo firmo hoy en Negocio&Estilo de vida.

2 comentarios:

eKaizen dijo...

Pero veo complicado que un técnico, un buen técnico que domine su profesión, se ponga a formarse en temas de marketing y estrategia. Por muy fácil que sel opongan.
¿No sería mejor que le facilitaran este tipo de servicios o financiación para que el profesional se centre en lo que domina?.
Un saludo

Félix dijo...

La cuestión, tal y como yo la veo, es que si te vas a constituir como empresa, además de tu formación técnica, necesitas obligatoriamente una preparación en gestión empresarial. Es un tema de propio convencimiento de la persona que va a crear la empresa, que con sólo la formación técnica no puede competir, o al menos no lo hará de la forma más eficiente.