lunes, 14 de abril de 2008

Es buena la moral en los negocios

Escuché la otra noche en Radio Intereconomía que había dimitido el responsable de auditoría de una gran entidad financiera internacional. Sin embargo, luego no he leído nada sobre el particular. Esta dimisión me hizo volver a pensar en un tema que personalmente me parece muy sugerente: qué cosas pueden ocurrir cuando se une la aversión al cambio del ser humano y la "banalidad del mal", concepto sobre el que escribió la pensadora Hannah Arendt.

Muchos entienden por "banalidad del mal" el realizar actos amorales amparándose en la obediencia debida: "yo no soy responsable, soy sólo el ejecutor, hay otro que decidió que había que actuar de esta forma". Ya reflexioné sobre esta idea y algunas de sus repercusiones en el mundo de la empresa en otro comentario: Que trabajar no te impida pensar.

Por banalidad del mal entiendo el proceso que sucede a la incorporación de una persona como miembro de una sociedad o de una organización que realiza las cosas de una manera con la que no está conforme, o directamente actos con los que no está de acuerdo. Inicialmente puede no manifestarse conforme con ellas; seguramente incluso no los conozca en toda su integridad. Sin embargo en la medida que, con el paso del tiempo, va viendo que son llevadas a cabo de forma habitual por todo el mundo, los empieza a asumir como normales. Es un proceso muy largo en el que, lo que al principio rechazaba, poco a poco lo admite, y cada vez en mayor grado.

De esta forma, uniendo en una maraña la obediencia debida y la aclimatación a la cultura de la banalidad del mal, progresivamente el ser humano participa de la realización de actos que, fuera de este contexto, hubiera rechazado de plano.

En la historia encontramos miles de ejemplos de personas totalmente ordinarias, con una gran educación y que hicieron cosas que no debían, sólo explicables por esas cadenas psicológicas.

Reduzcamos ahora el nivel de la maldad y dejémoslo en la progresiva aceptación de algunas prácticas que no concuerdan con los principios morales de la persona. Entremos ahora en el mundo de la empresa (o de cualquier otra organización humana) y unámosle un nuevo factor, la aversión del ser humano al cambio, motivada por la rápida acomodación al entorno en el que nos encontramos conformes y por la gran cantidad de expectativas vitales que nos creamos en torno a la realidad que tenemos, que nos genera un miedo a perder estatus, nivel de vida, compromisos futuros, etc.

Si mezclamos en una coctelera ese miedo al cambio y esa aclimatación al entorno que llega hasta la aceptación de actos que no son conformes con nuestras ideas, imagino entonces hasta qué punto debió llegar la tensión entre todas estas fuerzas en el cerebro de ese ejecutivo que dimitió hace unos días.

Aunque la suma de estos condicionantes psicológicos haría algo más sencillo a algunas empresas disfrutar de una moralidad algo más laxa que la de la suma de las personas que las conforman, existe el debate creciente sobre la responsabilidad de la empresa, que va más allá del cumplimiento de la legalidad vigente en los países en los que actúa.

Y aunque no soy partidario de afrontar la cuestión de la RSE desde el punto de vista de la moralidad, sino desde la mejora competitiva que es consecuencia de mejorar la relación con aquellos con quienes interactúa la empresa, no está de más que también se tenga presente que el mercado (aunque muy poco todavía) también está empezando a medir este parámetro. No en vano el consumidor quiere interactuar con personas, no con organizaciones, y es lógico que pretenda que la escala de valores de ambos (del consumidor y de la empresa) sean coincidentes.

4 comentarios:

Kike dijo...

Felix, no creo que se pueda separar la moralidad de la competitividad en la RSE. Se es más competitivo debido a que aplicamos una serie de normas morales a nuestros actos.
Me ha gustado especialmente este artículo, no conocía el término de la banalidad del mal, pero es muy adecuado y, desafortunadamente, muy común.

Quique
http://enfoqueholistico.blogspot.com

Bonsaimusic. dijo...

Paso por tu casa para darte un abrazo y comunicarte que me puedes "encontrar" todos los miércoles en el blog de mi pareja donde hago un post para jugar a detectives y quien lo acierte se lleva un archivo sorpresa.
Te esperamos.

http://cogidasdelamano.blogspot.com/

Félix dijo...

Kike, efectivamente el artículo lo que pretende la final es conectar la moralidad y el resultado empresarial. Sin separar moral y negocio, lo que planteo es que no me parece, desde una óptica empresarial, la mejor manera de abordar el tema de la RSE el circunscribirnos estrictamente al término de la moralidad en los negocios. Si sólo y exclusivamente lo afrontásemos desde esa perspectiva difícilmente se lograrán resultados tangibles; hacerlo así sería desconocer la relidad del mercado. Y aunque cada vez más hay una selección por parte el consumidor de las empresas en base a criterios de moralidad y de valores, ceñirse sólo a ello pecaría de exceso de voluntarismo y poca eficiencia.

Sobre el tema de la selección, ayer supe del acuerdo alcanzado por Bolsas y Mercados Españoles con la Bolsa de Londres para trasladar a España su índice bursátil FTSE4GOOD, de forma que los inversores puedan conocer y seleccionar las empresas que tienen estándares internacionales en materia de responsabilidad corporativa.

eKaizen dijo...

Felix, jamás había oído hablar del concepto de banalidad del mal. Pero leyéndote me has hecho tomar conciencia de que, día a día, en nuestros trabajos, nos toca defender posturas, comportamientos o herramientas en las que no creemos. Es más incluso que son contrarias a nuestra forma de pensar, pero de algún modo, la organización nos fuerza a asumir.
Un saludo