lunes, 25 de febrero de 2008

Para promover la innovación...

No olvido que en mi pequeña serie de tres comentarios sobre innovación de hace unos días adelanté que haría algunas consideraciones sobre lo que podría hacerse desde la Administración Pública para favorecer esta cuestión.

Promover la innovación no es sencillo porque no es una estricta cuestión sectorial sino algo muy transversal. Suelo decir que esto de la innovación es como una araña con muchas patitas. Para que esté bien conformada, es necesario trabajar en muchos campos, y esto es difícil hacerlo de forma coordinada porque son muchas las competencias de las distintas Administraciones y muy repartidas.

Existen tres categorías de factores que deben existir para que se produzca innovación:
  • Un entorno, entendido como las infraestructuras existentes para llevar a cabo la investigación y desarrollo. Incluyo aquí infraestructuras de investigación básica, infraestructuras de información, capital humano de alta capacidad, tanto tecnólogos como gestores de proyectos, y herramientas de financiación suficientes para los proyectos.

  • Unas empresas competitivas o, especialmente, clusters en sectores proclives a la innovación: como ya comenté en los artículos citados, además del know how y la financiación a las que me refería también en el apartado anterior, para que esas empresas estén orientadas hacia la innovación es necesario que formen parte de sectores competitivos, cuya competencia les fuerce a asumir los riesgos económicos que supone la innovación.

  • Unos enlaces de calidad entre las infraestructuras, las personas y las empresas, enlaces que se desarrollan con la experiencia pero que pueden dinamizarse mediante mecanismos creados ad-hoc.
Tiempo atrás ya reflexioné sobre lo relativamente fácil que es invertir el dinero público en favorecer la creación de infraestructuras de innovación básica, requisito necesario pero no suficiente para la innovación, y lo complejo que resulta a los gestores públicos desarrollar los otros aspectos. Me recuerda esto a la política agraria: desde las Administraciones se ha fomentado durante muchos años una producción agraria pero nos quejamos amargamente de que el mayor valor añadido, la comercialiación, se lo llevan otras regiones u otros países. Aprendamos de esta experiencia y contribuyamos a desarrollar todas las facetas de la I+D+I con igual intensidad, a pesar de la dificultad.

Los tres factores, con sus distintos componentes, son imprescindibles y ninguno de ellos, por sí solo, impulsará la capacidad de innovación de un territorio. Dicho lo cual, pueden ya aventurarse qué tipo de actuaciones se pueden emprender desde la Administración competente para favorecer cada unas de estas tres categorías que necesita la innovación.

Hace un año hablábamos de: Crowdsourcing, formas innovadoras de hacer innovación

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