lunes, 15 de octubre de 2007

Me es imposible especializarme (y cómo apoyar a los emprendedores)

Entre los temas que me depara la agenda para lo que resta de semana (un foro sobre energía, una reunión para temas estrictamente legales, una conferencia sobre la situación económica y su efecto sobre las empresas, unos contactos con sindicalistas para tratar sobre el diálogo institucional y sobre la prevención de riesgos laborales, un encuentro sobre comercio exterior, una presentación de una campaña sobre conciliación de la vida laboral y familiar, el estudio de algunos aspectos fiscales empresariales, una primera aproximación a los presupuestos de la Junta para el próximo año, el dichoso Master y una variadísima relación de temas internos de organización) el que más me motiva hoy es la reunión que será el primer acercamiento a la futura Factoría de Emprendedores, proyecto de la Junta de Castilla-La Mancha surgido del Pacto por el Desarrollo y la Competitividad.

Emprendí en su día un proyecto empresarial por mi cuenta y mi experiencia (bien es verdad que fue hace ya unos años) fue la de un sentimiento de desconocimiento así como también cierta frustración por las dificultades administrativas (burocráticas, diría yo) que encontré. Esta última parte está actualmente un poco mejor, aunque dudo que esté razonablemente resuelta.

A la hora de comenzar un proyecto empresarial por parte de personas jóvenes creo que lo que más se necesita es formación, orientación y acompañamiento. Claro que también hace falta otras menudencias (es broma) como, entre otras, el dinero. Pero, aunque insuficientes, actualmente hay algunos instrumentos para conseguir eso, si bien hace falta saber dónde están.

Si desde lo público se decide apostar por promover la creación de nuevas empresas (lo cual es bastante inteligente), el disponer de buenos profesionales para orientación y acompañamiento pienso que es lo crucial. El problema de estos perfiles es que deben estar muy formados, tener experiencia y, en consecuencia, estar bien pagados, y esto es difícil que ocurra en la Administración Pública o en el mundo de las entidades que, con financiación pública, prestan servicios de este tipo. Se me ocurre, y pienso en voz alta, que igual que existen otro tipo de subvenciones a fondo perdido, de formación, de contratación, de bonificación de tipos de interés, etc., podría articularse una especie de cheque pagadero por la nueva empresa a un buen consultor especializado o a una entidad que les ofrezca suficientes garantías de éxito.

2 comentarios:

tic616 dijo...

Buena idea de difícil aplicación práctica si lo hacemos pasar vía subvención de la administración (aparte de ser una tentación al fraude).

Propongo otro enfoque: que el superconsultor pueda tener una microparticipación en los resultados de lo que salga o alternativamente que posponga su superfactura hasta que esos resultados se produzcan (cobrando quizá sólo los gastos al inicio).

No es fácil y quedan aspectos prácticos que resolver pero el mecanismo regulador es "sano" ya en origen: el beneficio mutuo sólo si la cosa va bien (si va a ir mal el superconsultor ya no se meterá)

Félix Peinado Castillo dijo...

Gracias por tus consejos.

No lo veo tan difícil hacerlo como subvención, aunque sí es posible la tentación del fraude (si bien esa tentación suele existir casi siempre que hay dinero público de por medio).

La cuestión del superconsultor ligado a beneficios me recuerda un poco al business angel. La figura del consultor yendo a beneficios la veo difícil para que el consultor quiera entrar supeditando el cobro de sus honorarios a un éxito futuro que no sólo depende de su trabajo sino, sobre todo, de la habilidad del nuevo emprendedor.

Seguimos pensando...