lunes, 13 de agosto de 2007

Los auténticos detentadores del poder

Como estamos abiertos por vacaciones, trato temas menos serios y "off topic".

Michel Houellebecq es un escritor francés capaz de escribir las reflexiones más inteligentes seguidas de las mayores ordinarieces (pienso que, seguramente, en un afán de mera provocación). En "Las partículas elementales", el libro que estoy leyendo ahora, dice textualmente:
El deseo de conocimiento es curioso... Muy poca gente lo siente, ¿sabe?, incluso entre los investigadores; la mayoría se conforman con hacer carrera, se desvían rápidamente hacia la administración; sin embargo, en la historia de la humanidad tiene una tremenda importancia. Podríamos imaginar una fábula en la que un pequeño grupo de hombres (como máximo unos centenares de personas en todo el planeta) trabaja encarnizadamente en algo muy difícil, muy abstracto, absolutamente incomprensible para los no iniciados. Estos hombres siempre serán unos desconocidos para el resto de la población; no tienen poder, fortuna u honores; ni siquiera hay alguien que entienda el placer que les procura su pequeña actividad. Sin embargo son la potencia más importante del mundo, y lo son por un motivo muy simple, un motivo muy pequeño: detentan las claves de la certeza racional. Todo lo que declaran verdadero, el resto de la población lo reconoce tarde o temprano como tal. Ningún poder económico, político, social o religioso es capaz de enfrentarse a la evidencia de la certeza racional. Podemos decir que Occidente se ha interesado más allá de toda medida por la filosofía y la política, que ha luchado del modo más irracional por asuntos filosóficos o políticos; también podemos decir que Occidente ha amado apasionadamente la literatura y las artes; pero en realidad nada va a pesar tanto en su historia como la necesidad de certeza racional.

Por las afirmaciones en igual sentido que he leido en publicaciones de algunos científicos hoy reconocidos, lo que dice Houellebecq debe de ser correcto. Siento envidia de las personas que conforman es "pequeño grupo". Experimento gran curiosidad y deseos de conocer. Me atraen las cuestiones que debaten los astrofísicos y los cosmólogos. Me limito a ser un lector aficionado y nada avanzado, más bien todo lo contrario.

Si los test de personalidad que me hicieron en varias ocasiones en el colegio decían que tenía aspiraciones de ingeniería y personalidad científica, ¿en qué punto descarrilé o falló el sistema educativo para que terminara estudiando una carrera de humanidades?

Por cierto que pienso que este comentario hila muy bien con el anterior sobre mi admiración por los héroes desconocidos, ya que me parece también admirable la inteligencia y la capacidad de trabajo de muchas de las personas que conforman estos grupos científicos.

Termino, que esta noche es el máximo de las Perseidas.

4 comentarios:

los sueños de la razón dijo...

La imagen es muy seductora, la de los poderosos pensadores anónimos, pero la comunidad científica no es ajena a los mecanismos de poder. Es un tema que hace tiempo que no sigo, el de la epistemología científica, pero recuerdo buenas ideas sobre el poder y la ciencia.

Toda comunidad científica se mueve bajo ciertos paradigmas que se sostienen por grupos de influencia más que por la certeza racional. Así, un investigador que ponga en duda esos paradigmas ortodoxos se ve marginado por los detentores del poder. Las revoluciones científicas no sólo son revoluciones por la fuerza de sus ideas, son verdaderas tomas de poder de nuevas escuelas de pensamiento, revoluciones en el sentido clásico. La batalla tiene lugar en las publicaciones científicas y los centros de poder universitarios e institucionales; pero no tanto como pensamos en una elegante confrontación de hipótesis.

Eso se ve muy claro en la economía y otras ciencias blandas. En las ciencias duras, la lucha es más soterrada para la población en general, pero no es diferente.

Sigue siendo cierto que esas guerras invisibles son entre unos pocos, anónimos en mayor o menor grado (lo que deja intacta la capacidad seductora de la imagen. Las luchas por el poder siempre son entre los pocos que lo detentan, otra cosa es que las suframos más o menos ciudadanos de a pie.

En fin, soy un bloguero de poca fe, ay, señor ¿qué le vamos a hacer?

Félix Peinado Castillo dijo...

Es cierto que, de la lectura de mi comentario, probablemente se deduzca una visión idílica del mundo científico. Realmente no es esa mi percepción. Soy consciente de esas luchas que describes.

Sin embargo, pienso que en aplicación del método científico que ya propuso Bacon, más tarde o más temprano se impondrá la que, en base a la experimentación pueda demostrarse empíricamente y no aquella que tenga mayor número o más poderosos defensores.

El valiente es el que salta por encima de las doctrinas asentadas y de los prejuicios cognitivos para proponer una nueva hipótesis que explique mejor la realidad. Creo recordar que pasaron muchos años para que se confirmaran las predicciones teoría de la relatividad general, que fue formulada hace casi 100 años, y algunas de ellas todavía ni siquiera lo han sido.

los sueños de la razón dijo...

En relación a este debate, Yoriento me pasa este artículo que parece como anillo al dedo.

Félix Peinado Castillo dijo...

Buen artículo, muchas gracias.