lunes, 5 de marzo de 2007

Tres objetivos y un funeral

Haciendo un remoto símil con el título de la famosa película, retomo la cuestión de la innovación. Resulta que publica hoy Cinco Días un artículo de opinión muy interesante de Luis Eduardo Solís, Vicedecano del Instituto de Empresa (no es por hacer la pelota), dentro de un pequeño especial que el periódico realiza sobre la eficacia de las políticas de I+D+i. El autor pone el dedo en la llaga de una cuestión que vengo constatando desde hace mucho tiempo: que en relación con la innovación, las Administraciones, Universidades y empresas (especialmente las Pymes) hablan un lenguaje muy distinto y que ni siquiera los objetivos particulares de cada uno coinciden en muchas ocasiones a la hora de desarrollar un proyecto. Así pues, avanzar en materia de I+D+i no es una mera cuestión de disponer de recursos económicos (que también).

Tras el Consejo Europeo de Lisboa de 2.000, Europa se marcó unos retos muy importantes en esta materia. Si casi imposible le va a resultar conseguirlos a Europa, cuánto más a España y cuantísimo más a Castilla-La Mancha. Bruselas nos marca un objetivo y nos prioriza el uso de los recursos públicos, incrementando muy significativamente los disponibles para este fin a través de los Fondos Estructurales o del Fondo Tecnológico. Pero, como antes se decía, no es sólo una cuestión de dinero. Tengo especial interés por esta cuestión y estoy muy pendiente sobre cómo finalmente se enfoque: es decir, con qué inteligencia se invierte el dinero.

Sin querer hacer apriorismos, pues existen excepciones, parto de la base de que en la mayoría de ocasiones la Administración persigue ejecutar su presupuesto, la Universidad potenciar sus equipos de investigación y las Pymes sobrevivir en mercados generalmente maduros; está claro que conjugar todo esto requiere no sólo recursos económicos, sino sobre todo tiempo e imaginación. Si escondemos la cabeza a esta realidad, si no buscamos fórmulas para interesar a las empresas en desarrollar proyectos de I+D+i, imagino que, por su sencillez, la mayoría del flujo económico se realizará entre los otros dos actores y no repercutirá sobre las empresas, aunque la que saldrá perdiendo (la del funeral) será la competitividad de nuestra economía en un entorno globalizado.

Iniciativas emprendidas motivando a las Pymes, ayudándolas a identificar aspectos de mejora y acompañándolas a lo largo de todo el proceso de innovación han brindado resultados muy satisfactorios. Conozco experiencias muy positivas que habría que potenciar. Aún no se ha terminado la película; espero que tenga un final feliz.

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